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Picaso Jr., el arte de los malabares

Nacido en Madrid el 23 de octubre de 1969, Picaso Junior es hijo del reconocido malabarista El Gran Picaso, creador de los malabares con pelotas de ping pong propulsadas con la boca. En una época en la que numerosas bandas de música de circo, tanto españolas como extranjeras, se nutrían de músicos valencianos, Francisco Tébar Picazo pasó de ser trompeta en el Circo Nock de Suiza a convertirse en uno de los malabaristas más prestigiosos de la historia. Durante tres temporadas, de 1964 a 1966, fue contratado por los hermanos Amorós y su socio Osvaldo Silvestrini, empresarios que trabajaban sobre... Leer más

Noticias

65 años de la cia Zugspitz (DE) en Tucumán (AR)

01-12-2017



 

La expectativa era grande, la multitud miraba hacia el cielo en busca del diminuto alambre por el que minutos después iban a transitar los acróbatas. La noche se asentaba sobre el lugar y los reflectores iluminaban las alturas en búsqueda del fino sendero aéreo. La plaza Independencia estaba colmada. Los minutos pasaban y el público esperaba impaciente. Aparecieron los artistas. Aplauso atronador de los presentes. Era la noche del sábado 16 de agosto de 1952 y el lugar elegido era el principal espacio verde de la ciudad, donde había cables de acero de 16 milímetros de diámetro tendidos entre los edificios más altos de dicho paseo.
Las lingas se tendieron desde la Catedral hasta la Caja Popular por encima de los árboles que poblaban la plaza, de tal manera que los especialistas realizaron sus acrobacias a unos 30 metros de altura. Otra línea unía la cúpula de la casa de Gobierno con el edificio de la entidad financiera provincial. El grupo hizo otras dos presentaciones el domingo siguiente, a las 16 y a las 21.30.
Los acróbatas Siegward Bach, Rudi Boehme y Henrico Krause, de la compañía alemana Zugspitz, fueron los responsables de esa actuación que mantuvo en vilo a los tucumanos, en silencio y estremecidos ante la valentía que mostraban los artistas. Según nuestro diario, el representante del grupo, Maximiliano von Maercken, explicó que los acróbatas estaban: especializados en desafiar los abismos con pleno dominio de sus nervios, realizando pruebas verdaderamente escalofriantes y agregó: ellos no conocen el vértigo. La crónica decía: hicieron pruebas extraordinarias como el cruce encapuchado caminando sobre el delgado alambre. También hizo referencia a la Travesía de la Muerte y los ejercicios en la escalera, que se usaba de contrapeso de la motocicleta suspendida sobre la calle San Martín.
Sangre fría
Con extraordinaria sangre fría y un dominio total de sus nervios, caminan sobre el alambre, serenos y seguros, manteniendo el equilibrio con un balancín, expresaba con admiración nuestro cronista.
Los artistas germanos tomaron el nombre del Zugspitze, la montaña más alta de Alemania, de casi 3.000 metros, que está en el límite del territorio teutón y Austria.
La actuación en el Jardín de la República, auspiciada por los gobiernos de la Provincia y de la Municipalidad, venía precedida de la actuación en otras ciudades del país. Sus trabajos más notables fueron realizados sobre los Alpes, a 3.000 metros de altura y jugando con la muerte sobre abismos de más de 1.700 metros de profundidad. Luego en Brasil, dieron notables exhibiciones en el Pan de Azúcar. Finalmente, desde el 4 al 22 de junio últimos, asombraron a la población de Buenos Aires, caminando sobre una cuerda tendida desde la cúspide del Obelisco por encima de las cabezas de un millón de espectadores, relataba nuestro diario en 1952.
Los artistas alemanes fueron parte de los actos programados para la asunción de Juan Domingo Perón de su segunda presidencia, el 4 de junio de 1952. La gran fiesta iba a cerrarse con un número excepcional. “A las nueve de la noche los reflectores y las miradas apuntaron al cielo. Cortando el frío, con una malla blanca enteriza y desafiando un abismo de 70 metros de profundidad, un hombre comenzó a deslizarse por el cable de acero, extendido desde el vértice del obelisco hasta la azotea de Carlos Pellegrini y Lavalle. Hizo todo el recorrido sobre millares de rostros angustiados y silenciosos. Era Rudy Boehme, uno de los famosos equilibristas alemanes de la troupe Zugspitz Artisten que venía de balancearse sobre los alpes suizos. Poco después su colega Henrico Krause hizo poner la piel de gallina a los espectadores cuando se decidió a cruzar con los ojos vendados. En la mitad del trayecto suspendió la marcha y se puso a bailar una danza germana. El número terminó con los dos acróbatas desplegando una bandera con la leyenda Perón–Evita”, de esta manera relata Hugo Gambini, en el primer tomo de “Historia del Peronismo”, la presentación porteña de los temerarios artistas germanos.
Cataratas del Iguazú
La troupe de acróbatas estaba conformada por varios equipos que viajaban por el mundo mostrando sus habilidades. El equipo conformado por Hilda Littig, Jupp Klein y Roland Rumler realizó sus acrobacias en Misiones recorriendo los cables extendidos sobre la plaza 9 de Julio de Posadas, desde la catedral hasta la sociedad Italiana. El público quedó sorprendido por la habilidad del trío que demostró una precisión total sobre el pequeño cable suspendido a 30 metros del suelo.
Para la misma época realizaron sus arriesgados equilibrios sobre una linga tendida sobre las cataratas del Iguazú. Sobre ese espectáculo se conoció una imagen aportada por el Archivo General de la Nación sobre la proeza en la que se ve una moto con los acróbatas cruzando el abismo de la cascada.
En Brasil
Nuestros vecinos de Brasil también gozaron con las actuaciones de la troupe germana con sus nervios de acero y dominio de las alturas. En aquel país actuaron en 1952, 1953, 1957 y 1960. Siempre una multitud acompañó sus presentaciones, que se realizaban en espacios públicos, como plazas y paseos centrales de cada ciudad.
En todas las actuaciones, el público mantenía un prudencial silencio para permitir la concentración de los artistas. Y al finalizar cada acto, los aplausos y gritos atronaban como reconocimiento de lo realizado.
“Número inconveniente para las personas que sufren de los nervios. La maravilla del equilibrio combinado. Causa escalofríos el desafío a las alturas hecho por los tres acróbatas alemanes. Con moto, trapecio y escalera, llegan a la máxima exhibición que tanta fama les dio”, anunciaba el diario Pioneiro de la ciudad de Caixa do Sul, en Río Grande do Sul (Brasil) para atraer al público al singular espectáculo.

La expectativa era grande, la multitud miraba hacia el cielo en busca del diminuto alambre por el que minutos después iban a transitar los acróbatas. La noche se asentaba sobre el lugar y los reflectores iluminaban las alturas en búsqueda del fino sendero aéreo. La plaza Independencia estaba colmada. Los minutos pasaban y el público esperaba impaciente. Aparecieron los artistas. Aplauso atronador de los presentes. Era la noche del sábado 16 de agosto de 1952 y el lugar elegido era el principal espacio verde de la ciudad, donde había cables de acero de 16 milímetros de diámetro tendidos entre los edificios más altos de dicho paseo.Las lingas se tendieron desde la Catedral hasta la Caja Popular por encima de los árboles que poblaban la plaza, de tal manera que los especialistas realizaron sus acrobacias a unos 30 metros de altura. Otra línea unía la cúpula de la casa de Gobierno con el edificio de la entidad financiera provincial. El grupo hizo otras dos presentaciones el domingo siguiente, a las 16 y a las 21.30.Los acróbatas Siegward Bach, Rudi Boehme y Henrico Krause, de la compañía alemana Zugspitz, fueron los responsables de esa actuación que mantuvo en vilo a los tucumanos, en silencio y estremecidos ante la valentía que mostraban los artistas. Según nuestro diario, el representante del grupo, Maximiliano von Maercken, explicó que los acróbatas estaban: especializados en desafiar los abismos con pleno dominio de sus nervios, realizando pruebas verdaderamente escalofriantes y agregó: ellos no conocen el vértigo. La crónica decía: hicieron pruebas extraordinarias como el cruce encapuchado caminando sobre el delgado alambre. También hizo referencia a la Travesía de la Muerte y los ejercicios en la escalera, que se usaba de contrapeso de la motocicleta suspendida sobre la calle San Martín.Sangre fríaCon extraordinaria sangre fría y un dominio total de sus nervios, caminan sobre el alambre, serenos y seguros, manteniendo el equilibrio con un balancín, expresaba con admiración nuestro cronista.Los artistas germanos tomaron el nombre del Zugspitze, la montaña más alta de Alemania, de casi 3.000 metros, que está en el límite del territorio teutón y Austria.La actuación en el Jardín de la República, auspiciada por los gobiernos de la Provincia y de la Municipalidad, venía precedida de la actuación en otras ciudades del país. Sus trabajos más notables fueron realizados sobre los Alpes, a 3.000 metros de altura y jugando con la muerte sobre abismos de más de 1.700 metros de profundidad. Luego en Brasil, dieron notables exhibiciones en el Pan de Azúcar. Finalmente, desde el 4 al 22 de junio últimos, asombraron a la población de Buenos Aires, caminando sobre una cuerda tendida desde la cúspide del Obelisco por encima de las cabezas de un millón de espectadores, relataba nuestro diario en 1952.Los artistas alemanes fueron parte de los actos programados para la asunción de Juan Domingo Perón de su segunda presidencia, el 4 de junio de 1952. La gran fiesta iba a cerrarse con un número excepcional. “A las nueve de la noche los reflectores y las miradas apuntaron al cielo. Cortando el frío, con una malla blanca enteriza y desafiando un abismo de 70 metros de profundidad, un hombre comenzó a deslizarse por el cable de acero, extendido desde el vértice del obelisco hasta la azotea de Carlos Pellegrini y Lavalle. Hizo todo el recorrido sobre millares de rostros angustiados y silenciosos. Era Rudy Boehme, uno de los famosos equilibristas alemanes de la troupe Zugspitz Artisten que venía de balancearse sobre los alpes suizos. Poco después su colega Henrico Krause hizo poner la piel de gallina a los espectadores cuando se decidió a cruzar con los ojos vendados. En la mitad del trayecto suspendió la marcha y se puso a bailar una danza germana. El número terminó con los dos acróbatas desplegando una bandera con la leyenda Perón–Evita”, de esta manera relata Hugo Gambini, en el primer tomo de “Historia del Peronismo”, la presentación porteña de los temerarios artistas germanos.Cataratas del IguazúLa troupe de acróbatas estaba conformada por varios equipos que viajaban por el mundo mostrando sus habilidades. El equipo conformado por Hilda Littig, Jupp Klein y Roland Rumler realizó sus acrobacias en Misiones recorriendo los cables extendidos sobre la plaza 9 de Julio de Posadas, desde la catedral hasta la sociedad Italiana. El público quedó sorprendido por la habilidad del trío que demostró una precisión total sobre el pequeño cable suspendido a 30 metros del suelo.Para la misma época realizaron sus arriesgados equilibrios sobre una linga tendida sobre las cataratas del Iguazú. Sobre ese espectáculo se conoció una imagen aportada por el Archivo General de la Nación sobre la proeza en la que se ve una moto con los acróbatas cruzando el abismo de la cascada.En BrasilNuestros vecinos de Brasil también gozaron con las actuaciones de la troupe germana con sus nervios de acero y dominio de las alturas. En aquel país actuaron en 1952, 1953, 1957 y 1960. Siempre una multitud acompañó sus presentaciones, que se realizaban en espacios públicos, como plazas y paseos centrales de cada ciudad.En todas las actuaciones, el público mantenía un prudencial silencio para permitir la concentración de los artistas. Y al finalizar cada acto, los aplausos y gritos atronaban como reconocimiento de lo realizado.“Número inconveniente para las personas que sufren de los nervios. La maravilla del equilibrio combinado. Causa escalofríos el desafío a las alturas hecho por los tres acróbatas alemanes. Con moto, trapecio y escalera, llegan a la máxima exhibición que tanta fama les dio”, anunciaba el diario Pioneiro de la ciudad de Caixa do Sul, en Río Grande do Sul (Brasil) para atraer al público al singular espectáculo.

 

Fuente: La Gaceta / Manuel Riva