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El Circo Sonrisas del Corazón de Colombia

13-06-2018



 

¿Sabías que los circos de Colombia han hecho una gran historia en Latinoamérica? todo empezó con un hombre de ascendencia francesa, Santos Egred, fundó su propio circo el 8 de diciembre de 1948 en la ciudad de Cali. Veinticinco años después de mucho trabajo, se convertiría en el circo más grande y reconocido por toda Colombia y América Latina, se trata del “Circo Egred Hermanos”; en 1973 cerraron sus funciones y no volvieron sino hasta veinte años después.
Esta es la historia de un circo tradicional cuya fundadora nació y creció bajo la carpa de un circo trashumante.
Previamente familias mexicanas y colombianas, según el antropólogo Javier Pinzón, ya habían recorrido territorios colombianos con el entusiasmo y la vocación que tienen los artistas circenses al presentar shows, actos coloridos y multifacéticos que evocan a la búsqueda de la gracia a través de la admiración del cuerpo que se transforma en payaso, malabarista o trapecista.
Cabeceras municipales, pueblos, corregimientos, veredas, caseríos, de casi todos los departamentos del país han tenido en sus territorios la presencia de carpas de circos tradicionales, que se caracterizan por ser principalmente de naturaleza familiar, por ende tradicional, y por ser nómadas, es decir, permanecer un determinado lapso de tiempo, generalmente, en el caso de estos circos, no más de veinte días.
Es el caso de una cundinamarqués criada por sus padres en un circo tradicional, a sus veinticinco años decide fundar su propia carpa con sus propios artistas y propios shows; ahora ya han pasado dieciséis años y aún se mantiene firme, apostándole a cumplir sus sueños y a amar genuinamente, lo que sus padres le heredaron: el arte de ser una artista circense.
Artista circense de corazón
Maryury Zambrano de 40 años es dueña de su propio circo hace dieciséis. El circo ha tenido diferentes nombres, en un principio “Unión de Puerto Rico” años después “Aniuska Circus” y por último y actual nombre “Sonrisas del Corazón”. Lo nombró así precisamente porque en la labor del circo se busca hacer reír desde la sinceridad del corazón, sin superficialidades, es el disfrute de momentos auténticos en donde la risa y la gratitud son aplausos para el artista circense.
El circo “Sonrisas del Corazón” tiene capacidad para doscientos espectadores. Todos los fines de semana se presentan diferentes shows.
Tiene cuatro hermanos y todos ellos tienen su propio circo en diferentes departamentos de Colombia: en el Huila, Tolima, Risaralda y uno de ellos está en el Ecuador. Sus padres también fueron criados en el circo; su madre fue criada por circenses de nacionalidad chilena.
Es así como comenzaron a heredar, la familia Zambrano, las genialidades del circo. Maryury a sus 11 años, era autodidacta y podía debutar un acto -con todas sus complejidades- recién aprendido en menos de dos horas.
“(…) no me demoraba si no un par de horas y ya lo aprendía y así somos todos los cirqueros, uno dice ‘voy a hacer tal cosa’ y de una lo hace, pues es que cuando a uno le nace del alma y le gusta, lo hace así”, expresa Maryury elocuentemente.
Sonrisas del Corazón pisó tierras santandereanas hace cinco años atrás, su primera parada fue en Girón. Venía de haber estado rodando durante ocho años con su tráiler, camarines, carpa, trajes, herramientas de trabajo, utensilios de supervivencia y artistas que iban y venían por territorios antioqueños y caldenses, confiesa que la amabilidad de las personas ‘paisas’ evocan buenos recuerdos de aquellas tierras.
Los “camerines” son los espacios improvisados donde los artistas forman sus viviendas en la vida del circo.
Durante su juventud, la pasaba de circo en circo, como acostumbran estos artistas, ella siempre solía advertir a los dueños del circo que no duraría más de un año en el lugar, una advertencia que siempre cumplía. Sus ganas de continuar viajando y aventurándose por nuevos ambientes, eran imparables. Su creatividad también era desbordada en los más de sesenta trajes que confeccionó ella misma en su juventud para sus funciones: lentejuelas, canutillos, brillantes, telas, ormas, y adornos que conseguía andando por los caminos que se le presentaran en su vida.
El tráiler o remolque es, generalmente, el espacio destinado para los dueños del circo. Maryury habita allí junto con su hija Aniuska Zambrano.
A los veintiún años quedó en embarazo del primer hijo de tres. Luego la situación desembocó problemáticas económicas y familiares que la obligaron a vivir precariamente, junto con su esposo e hijo recién nacido, en la orilla de un río en la Dorada, Caldas, un lugar donde no conocían a nadie y sólo estaban acompañados de ‘cambuches’ de personas que pescaban en tiempos decembrinos. El peso de no poder ofrecerle un mejor entorno a su hijo la entristeció profundamente.
Después de la separación conyugal de hace ocho años, Maryury Zambrano se quedó con lo poco de lo mucho. Actualmente contrata turbos para transportar las cosas.
Poco tiempo después, los rumbos de la vida la llevaron a vivir en una cómoda casa en la ciudad de Bogotá, donde por primera vez en su vida se enfrentó a una realidad completamente distinta: la rutina encontraba su lugar en cuatro paredes que ella no soportó, no le importaron las comodidades de una vida sedentaria: las fuerzas y el afecto por el circo la llevaron a mudarse a Pereira y montar su propia carpa con su esposo e hijo, cosa que no fue nada fácil.
“Lo que los padres le han enseñado a uno, vivir del arte y defenderse por uno mismo, es algo muy bonito. El arte donde sea que esté uno es lo mejor que hay en este mundo”, manifiesta Maryury con entusiasmo y con un brillo inquietante en sus ojos oscuros.
Maryury Zambrano. Una mujer que disfruta empedernidamente de su rutina en el circo.
Así quedó evidenciado en la primera Caracterización de la Población Circense en Colombia hecha por el Ministerio de Cultura entre Octubre y Noviembre del 2011, en donde se realizó la primera aproximación para entender de forma integral del circo colombiano y sus modos de estar en el territorio. Se ubicaron prioritariamente la presencia de circos familiares (tradicionales) y artistas circenses, con el fin de formular políticas públicas para este sector social y laboral.
“Un colombiano promedio en cualquier centro urbano de cualquier tamaño, que a las 7 pm está sentado frente al televisor o camino a su casa en el transporte, sea este público o privado, no imagina que en ese mismo momento esté por empezar la función de circo en puntos tan distantes como Maicao, Caucasia, Pital o San Vicente del Caguán” sostiene el documento del Ministerio de Cultura.
Por un circo colombiano digno
Las caracterizaciones realizadas en el 2011 y 2013 por el Ministerio de Cultura, tuvo como objetivo conocer la trayectoria en el área artística, el enfoque artístico, la formación, la composición familiar, los patrones de movilidad y zonas geográficas de trabajo, la información general sobre las funciones, e infraestructura con la que cuentan los circos tradicionales o las compañías artísticas circenses, ello para la formulación e implementación de políticas públicas para esta población.
Durante este sondeo investigativo se hallaron problemáticas de la calidad de vida de quienes habitan el circo tradicional, la economía del circo es una economía de supervivencia. Son pocos los circos que pueden invertir adecuadamente en infraestructura, el nivel de ahorro es muy bajo o casi inexistente, pues los gastos son invertidos en las necesidades básicas, y los ingresos no son muy elevados.
Es por ello que por medio de la ley 1493 de 2011, se toman medidas para formalizar el sector del espectáculo público, de las artes escénicas y se otorgan competencias de inspección, vigilancia y control para dignificar y amparar a poblaciones que incluyen al circo, un ley que aún cuesta implementarse.
La vida en el circo de Sonrisas del Corazón
En la actualidad el circo se encuentra en el municipio de Piedecuesta, Santander. En dieciséis años el circo se ha sostenido de particulares y familiares que llegan y se van entre la ultranza de malabaristas, equilibristas, trapecistas, payasos, hulas hulas, bailarines, magos, que dejan huella en los ánimos de quienes se congregan con el fin de estar fuera de la rutina.
Actualmente en el circo hay siete artistas circenses de diferentes partes del país. En promedio cada artista tiene la habilidad de hacer quince actos diferentes.
Entre las cuatro y seis de la mañana se despierta y levanta la dueña del circo. Los artistas pueden dormir hasta la hora que deseen. De la cocina se encargan todos pero casi siempre las mujeres, generalmente las comidas son modestas. Cuando los ingresos del día fueron buenos, el menú varía y el lugar también, como un restaurante, por ejemplo.
La vivienda en el circo está organizada por cambuches (o llamados camerines), improvisados alrededor de la carpa del circo, suelen ser materiales que van desde estopa, plástico hasta metal. Allí los artistas duermen y acomodan sus enseres.
Una de las dinámicas más complejas es la consecución de servicios públicos, ya que toca ir puerta a puerta hasta que algún buen samaritano desee hacer el favor a cambio de algo de dinero; de la misma forma se necesita hallar el servicio del baño. Para los encargados de esta tarea es tedioso, pues por lo inusual de la situación se generan desconfianza en los hogares intervenidos.
Servicios públicos, remuneración a los artistas, seguro, educación a sus hijos, necesidades básicas, entre otros gastos son pagados por Maryury Zambrano únicamente con los ingresos del circo.
Por las cornetas de los barrios, panfletos y una moto que recorre los diferentes barrios aledaños al sitio en donde están ubicados, se anuncian los próximos espectáculos. La sorpresa son los bajos precios: 2 x $3000 pesos, entradas de niños a $1000 pesos, sin embargo los precios son inestables, según la conveniencia.
Para preparar el respectivo show, previamente se delega el orden y los actos correspondientes en lo que se llama un “programa”. El programa está inspirado en los diferentes espectáculos a los que han asistido los circenses. Aunque la experiencia y la trayectoria del artista sean considerables, este siempre practica momento antes de su debut.
“Antes de debutar una función, ensayo una hora o dos horas para así mejorar cada día más mis actos, cuando era más joven solía demorarme más de cuatro horas ensayando”, relata Ricardo Camayo de 37 años, oriundo de Jamundí, Valle del Cauca y quien hace tres meses está con Sonrisas del Corazón.
Cada show tiene una duración de una hora y cuarenta y cinco minutos, el programa se ajusta según los públicos.
En el espectáculo todos son protagonistas: “Todos los artistas, todos somos los protagonistas porque todos al igual vamos allá y hacemos nuestro show”, sostiene Maryury. Pero eso sí, la esencia del circo la tiene el payaso, sin payaso no hay circo. El rol de este artista es imprescindible para los shows.
Los payasos suelen ser quienes más intervienen en el show y a su vez llaman la atención de todos.
Los artistas que estén mejor comprometidos y con una trayectoria artística considerable son quienes reciben el mejor pago; quienes ajustan estas cuentas son precisamente los dueños del circo. Sin embargo estos circos tradicionales también son una fuente de empleo para personas aventureras que quieren iniciarse en estos escenarios, el circo siempre tiene sus puertas abiertas para quienes quieran intentarlo.
En promedio cada artista debuta de diez a quince minutos por cada función.
Durante este 2018 los ingresos económicos han sido escasos, pues las temporadas no han favorecido el circo de Maryury Zambrano, aun así de carpa para adentro las funciones se mantienen con todos sus colores, sonidos y extraordinarios actos que evocan la ilusión de lo prodigio. “Cuando uno viene el circo lo contentan a uno y lo hace olvidar de los problemas que lo aquejan a uno. Es muy valioso lo que hacen estos espacios para los niños y adultos desde la diversión sana” enfatiza Gabriela Muñoz, de veinticuatro años, quien lleva a su hijo de cuatro años al circo Sonrisas del Corazón.
Mientras se espera que mejoren los tiempos, Sonrisas seguirá recorriendo las rutas del Área Metropolitana de Bucaramanga, pues además de brindar cercanía también es conveniente debido a la educación escolar de sus hijos, pues espera darles esa oportunidad que no tuvo ella por razones de las dinámicas de viajes del circo en que vivió su infancia.
La persistencia y el entusiasmo continúan en el ímpetu de Sonrisas del Corazón, un circo cuya dueña ha trazado su futuro y sueños con la figura de la gran carpa a su lado.
“La pasión por el circo lo llevo en la sangre, en las venas. Llevo esa tradición del circo, de que uno quiere hacer las maromas y las cosas así. Uno tiene que ser de ánimo para sobrevivir la vida de esa manera, el arte es muy bonito, a mí me fascina y yo digo que hasta viejita me quedo en el circo, que moriré en el circo”, afirma con cierta exaltación.

¿Sabías que los circos de Colombia han hecho una gran historia en Latinoamérica? todo empezó con un hombre de ascendencia francesa, Santos Egred, fundó su propio circo el 8 de diciembre de 1948 en la ciudad de Cali. Veinticinco años después de mucho trabajo, se convertiría en el circo más grande y reconocido por toda Colombia y América Latina, se trata del “Circo Egred Hermanos”; en 1973 cerraron sus funciones y no volvieron sino hasta veinte años después.

Esta es la historia de un circo tradicional cuya fundadora nació y creció bajo la carpa de un circo trashumante.
Previamente familias mexicanas y colombianas, según el antropólogo Javier Pinzón, ya habían recorrido territorios colombianos con el entusiasmo y la vocación que tienen los artistas circenses al presentar shows, actos coloridos y multifacéticos que evocan a la búsqueda de la gracia a través de la admiración del cuerpo que se transforma en payaso, malabarista o trapecista.

Cabeceras municipales, pueblos, corregimientos, veredas, caseríos, de casi todos los departamentos del país han tenido en sus territorios la presencia de carpas de circos tradicionales, que se caracterizan por ser principalmente de naturaleza familiar, por ende tradicional, y por ser nómadas, es decir, permanecer un determinado lapso de tiempo, generalmente, en el caso de estos circos, no más de veinte días.

Es el caso de una cundinamarqués criada por sus padres en un circo tradicional, a sus veinticinco años decide fundar su propia carpa con sus propios artistas y propios shows; ahora ya han pasado dieciséis años y aún se mantiene firme, apostándole a cumplir sus sueños y a amar genuinamente, lo que sus padres le heredaron: el arte de ser una artista circense.

Artista circense de corazón
Maryury Zambrano de 40 años es dueña de su propio circo hace dieciséis. El circo ha tenido diferentes nombres, en un principio “Unión de Puerto Rico” años después “Aniuska Circus” y por último y actual nombre “Sonrisas del Corazón”. Lo nombró así precisamente porque en la labor del circo se busca hacer reír desde la sinceridad del corazón, sin superficialidades, es el disfrute de momentos auténticos en donde la risa y la gratitud son aplausos para el artista circense.

El circo “Sonrisas del Corazón” tiene capacidad para doscientos espectadores. Todos los fines de semana se presentan diferentes shows.

Tiene cuatro hermanos y todos ellos tienen su propio circo en diferentes departamentos de Colombia: en el Huila, Tolima, Risaralda y uno de ellos está en el Ecuador. Sus padres también fueron criados en el circo; su madre fue criada por circenses de nacionalidad chilena.

Es así como comenzaron a heredar, la familia Zambrano, las genialidades del circo. Maryury a sus 11 años, era autodidacta y podía debutar un acto -con todas sus complejidades- recién aprendido en menos de dos horas.“(…) no me demoraba si no un par de horas y ya lo aprendía y así somos todos los cirqueros, uno dice ‘voy a hacer tal cosa’ y de una lo hace, pues es que cuando a uno le nace del alma y le gusta, lo hace así”, expresa Maryury elocuentemente.

Sonrisas del Corazón pisó tierras santandereanas hace cinco años atrás, su primera parada fue en Girón. Venía de haber estado rodando durante ocho años con su tráiler, camarines, carpa, trajes, herramientas de trabajo, utensilios de supervivencia y artistas que iban y venían por territorios antioqueños y caldenses, confiesa que la amabilidad de las personas ‘paisas’ evocan buenos recuerdos de aquellas tierras.

Los “camerines” son los espacios improvisados donde los artistas forman sus viviendas en la vida del circo.

Durante su juventud, la pasaba de circo en circo, como acostumbran estos artistas, ella siempre solía advertir a los dueños del circo que no duraría más de un año en el lugar, una advertencia que siempre cumplía. Sus ganas de continuar viajando y aventurándose por nuevos ambientes, eran imparables. Su creatividad también era desbordada en los más de sesenta trajes que confeccionó ella misma en su juventud para sus funciones: lentejuelas, canutillos, brillantes, telas, ormas, y adornos que conseguía andando por los caminos que se le presentaran en su vida.

El tráiler o remolque es, generalmente, el espacio destinado para los dueños del circo. Maryury habita allí junto con su hija Aniuska Zambrano.

A los veintiún años quedó en embarazo del primer hijo de tres. Luego la situación desembocó problemáticas económicas y familiares que la obligaron a vivir precariamente, junto con su esposo e hijo recién nacido, en la orilla de un río en la Dorada, Caldas, un lugar donde no conocían a nadie y sólo estaban acompañados de ‘cambuches’ de personas que pescaban en tiempos decembrinos. El peso de no poder ofrecerle un mejor entorno a su hijo la entristeció profundamente.

Después de la separación conyugal de hace ocho años, Maryury Zambrano se quedó con lo poco de lo mucho. Actualmente contrata turbos para transportar las cosas.

Poco tiempo después, los rumbos de la vida la llevaron a vivir en una cómoda casa en la ciudad de Bogotá, donde por primera vez en su vida se enfrentó a una realidad completamente distinta: la rutina encontraba su lugar en cuatro paredes que ella no soportó, no le importaron las comodidades de una vida sedentaria: las fuerzas y el afecto por el circo la llevaron a mudarse a Pereira y montar su propia carpa con su esposo e hijo, cosa que no fue nada fácil.

“Lo que los padres le han enseñado a uno, vivir del arte y defenderse por uno mismo, es algo muy bonito. El arte donde sea que esté uno es lo mejor que hay en este mundo”, manifiesta Maryury con entusiasmo y con un brillo inquietante en sus ojos oscuros.

Maryury Zambrano. Una mujer que disfruta empedernidamente de su rutina en el circo.
Así quedó evidenciado en la primera Caracterización de la Población Circense en Colombia hecha por el Ministerio de Cultura entre Octubre y Noviembre del 2011, en donde se realizó la primera aproximación para entender de forma integral del circo colombiano y sus modos de estar en el territorio. Se ubicaron prioritariamente la presencia de circos familiares (tradicionales) y artistas circenses, con el fin de formular políticas públicas para este sector social y laboral.
“Un colombiano promedio en cualquier centro urbano de cualquier tamaño, que a las 7 pm está sentado frente al televisor o camino a su casa en el transporte, sea este público o privado, no imagina que en ese mismo momento esté por empezar la función de circo en puntos tan distantes como Maicao, Caucasia, Pital o San Vicente del Caguán” sostiene el documento del Ministerio de Cultura.

Por un circo colombiano digno
Las caracterizaciones realizadas en el 2011 y 2013 por el Ministerio de Cultura, tuvo como objetivo conocer la trayectoria en el área artística, el enfoque artístico, la formación, la composición familiar, los patrones de movilidad y zonas geográficas de trabajo, la información general sobre las funciones, e infraestructura con la que cuentan los circos tradicionales o las compañías artísticas circenses, ello para la formulación e implementación de políticas públicas para esta población.

Durante este sondeo investigativo se hallaron problemáticas de la calidad de vida de quienes habitan el circo tradicional, la economía del circo es una economía de supervivencia. Son pocos los circos que pueden invertir adecuadamente en infraestructura, el nivel de ahorro es muy bajo o casi inexistente, pues los gastos son invertidos en las necesidades básicas, y los ingresos no son muy elevados.

Es por ello que por medio de la ley 1493 de 2011, se toman medidas para formalizar el sector del espectáculo público, de las artes escénicas y se otorgan competencias de inspección, vigilancia y control para dignificar y amparar a poblaciones que incluyen al circo, un ley que aún cuesta implementarse.

La vida en el circo de Sonrisas del Corazón
En la actualidad el circo se encuentra en el municipio de Piedecuesta, Santander. En dieciséis años el circo se ha sostenido de particulares y familiares que llegan y se van entre la ultranza de malabaristas, equilibristas, trapecistas, payasos, hulas hulas, bailarines, magos, que dejan huella en los ánimos de quienes se congregan con el fin de estar fuera de la rutina.

Actualmente en el circo hay siete artistas circenses de diferentes partes del país. En promedio cada artista tiene la habilidad de hacer quince actos diferentes.

Entre las cuatro y seis de la mañana se despierta y levanta la dueña del circo. Los artistas pueden dormir hasta la hora que deseen. De la cocina se encargan todos pero casi siempre las mujeres, generalmente las comidas son modestas. Cuando los ingresos del día fueron buenos, el menú varía y el lugar también, como un restaurante, por ejemplo.

La vivienda en el circo está organizada por cambuches (o llamados camerines), improvisados alrededor de la carpa del circo, suelen ser materiales que van desde estopa, plástico hasta metal. Allí los artistas duermen y acomodan sus enseres.

Una de las dinámicas más complejas es la consecución de servicios públicos, ya que toca ir puerta a puerta hasta que algún buen samaritano desee hacer el favor a cambio de algo de dinero; de la misma forma se necesita hallar el servicio del baño. Para los encargados de esta tarea es tedioso, pues por lo inusual de la situación se generan desconfianza en los hogares intervenidos.

Servicios públicos, remuneración a los artistas, seguro, educación a sus hijos, necesidades básicas, entre otros gastos son pagados por Maryury Zambrano únicamente con los ingresos del circo.

Por las cornetas de los barrios, panfletos y una moto que recorre los diferentes barrios aledaños al sitio en donde están ubicados, se anuncian los próximos espectáculos. La sorpresa son los bajos precios: 2 x $3000 pesos, entradas de niños a $1000 pesos, sin embargo los precios son inestables, según la conveniencia.

Para preparar el respectivo show, previamente se delega el orden y los actos correspondientes en lo que se llama un “programa”. El programa está inspirado en los diferentes espectáculos a los que han asistido los circenses. Aunque la experiencia y la trayectoria del artista sean considerables, este siempre practica momento antes de su debut.“Antes de debutar una función, ensayo una hora o dos horas para así mejorar cada día más mis actos, cuando era más joven solía demorarme más de cuatro horas ensayando”, relata Ricardo Camayo de 37 años, oriundo de Jamundí, Valle del Cauca y quien hace tres meses está con Sonrisas del Corazón.

Cada show tiene una duración de una hora y cuarenta y cinco minutos, el programa se ajusta según los públicos.
En el espectáculo todos son protagonistas: “Todos los artistas, todos somos los protagonistas porque todos al igual vamos allá y hacemos nuestro show”, sostiene Maryury. Pero eso sí, la esencia del circo la tiene el payaso, sin payaso no hay circo. El rol de este artista es imprescindible para los shows.

Los payasos suelen ser quienes más intervienen en el show y a su vez llaman la atención de todos.
Los artistas que estén mejor comprometidos y con una trayectoria artística considerable son quienes reciben el mejor pago; quienes ajustan estas cuentas son precisamente los dueños del circo. Sin embargo estos circos tradicionales también son una fuente de empleo para personas aventureras que quieren iniciarse en estos escenarios, el circo siempre tiene sus puertas abiertas para quienes quieran intentarlo.

En promedio cada artista debuta de diez a quince minutos por cada función.

Durante este 2018 los ingresos económicos han sido escasos, pues las temporadas no han favorecido el circo de Maryury Zambrano, aun así de carpa para adentro las funciones se mantienen con todos sus colores, sonidos y extraordinarios actos que evocan la ilusión de lo prodigio. “Cuando uno viene el circo lo contentan a uno y lo hace olvidar de los problemas que lo aquejan a uno. Es muy valioso lo que hacen estos espacios para los niños y adultos desde la diversión sana” enfatiza Gabriela Muñoz, de veinticuatro años, quien lleva a su hijo de cuatro años al circo Sonrisas del Corazón.

Mientras se espera que mejoren los tiempos, Sonrisas seguirá recorriendo las rutas del Área Metropolitana de Bucaramanga, pues además de brindar cercanía también es conveniente debido a la educación escolar de sus hijos, pues espera darles esa oportunidad que no tuvo ella por razones de las dinámicas de viajes del circo en que vivió su infancia.

La persistencia y el entusiasmo continúan en el ímpetu de Sonrisas del Corazón, un circo cuya dueña ha trazado su futuro y sueños con la figura de la gran carpa a su lado.“La pasión por el circo lo llevo en la sangre, en las venas. Llevo esa tradición del circo, de que uno quiere hacer las maromas y las cosas así. Uno tiene que ser de ánimo para sobrevivir la vida de esa manera, el arte es muy bonito, a mí me fascina y yo digo que hasta viejita me quedo en el circo, que moriré en el circo”, afirma con cierta exaltación.

Fuente: Colombia informa