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Circos "Made in Spain"

Genís Matabosch

A finales del siglo XIX y principios del XX, los grandes circos ambulantes centroeuropeos mostraban una clara fascinación por las culturas lejanas. El exotismo invadía los espectáculos de Hagenbeck ―principal importador de animales en Europa―, Krone ―cuya fachada poseía minaretes―, Sarrassani ―que se hacía llamar Maharajá― o Gleich. Estos mastodónticos circos engalanaban sus interiores de telas y lámparas de Oriente, exhibían troupes de razas lejanas en sus demostraciones de danza, acrobacia o lucha y presentaban a colosales grupos de animales exóticos. En definitiva, se convertían, a ojos de los espectadores locales, en una ventana que les mostraba el mundo.

Al mismo tiempo, los grandes circos estables rivalizaban con costosas producciones que, bajo el nombre de “pantomimas”, giraban en torno a un tema central. Los empresarios circenses de las grandes capitales costeaban imposibles ingenios técnicos al servicio del espectáculo: pistas acuáticas, lluvia artificial, escenarios hidráulicos o plataformas giratorias. Era la época dorada de las grandes pantomimas acuáticas ―herederas de las naumaquias romanas―, de los “peplums” en la pista, que permitían desfiles de ostentosos vestuarios, y del lejano oeste hecho espectáculo con nombres como Búfalo Bill.

Los ingredientes de la “pantomima” española
La suma del gusto por el exotismo folclórico y por las grandes pantomimas condujo a la presentación de espectáculos circenses basados en España. Antes de adentrarnos en un repaso histórico por las diferentes producciones que tuvieron a nuestro país como motivo central de inspiración, veamos cuáles son los elementos constitutivos de la mayor parte de pantomimas españolas realizadas en circo: ballet, toros, alta escuela y escenografía.

1. Ballet español. Sevillanas, flamenco, jotas y otras danzas sirven de apertura, colofón e intermedios a los programas circenses inspirados en España. Ofreciendo como apertura del programa la estampa de las bailarinas con sus faralaes, volantes y batas de cola, se transporta al espectador a tierras españolas ya desde el arranque del espectáculo.

2. Recreación de una corrida de toros o de un número de toros amaestrados. Mientras las producciones “a la española” de los circos estables parisinos Medrano y d’Hiver convertían la segunda parte de su espectáculo en la recreación de una corrida de toros ―novillos―, circos como el Spanischer de Feijóo-Castilla presentaban actuaciones de toros amaestrados por Manuel Rueda. Por otro lado, con o sin toros en la pista, el uso del traje de luces ―para bailarines, figurantes o payasos― es un elemento recurrente en las producciones circenses de aire españolizante.

3. Alta escuela. El renombre y la tradición de la equitación española ha hecho imprescindible la presencia de caballos andaluces en la mayoría de los espectáculos circenses inspirados en nuestro folclore.

4. Decorados que representan complementos del vestuario folclórico español (como la peineta, las castañuelas y los abanicos, entre otros), o elementos arquitectónicos y espacios propios de nuestra cultura (por ejemplo, verjas, plazas de toros, posadas, ventas y patios).

Paseo cronológico
Probablemente, la primera pantomima de corte español realizada en la pista de un circo fue la titulada “La Foire de Séville” que el Nouveau Cirque de París presentó en 1887. Las pantomimas fusionaban bajo un mismo tema  atracciones circenses, bailes, escenas cómicas y desfiles, con gran pompa de decorados y vestuarios. Sabiendo que el creador y propietario del lujoso Nouveau Cirque fue el español Josep Oller, natural de Terrassa ―Cataluña―, no es de extrañar la elección de ese tema para crear uno de los espectáculos parisinos de mayor impacto de la época. Para el montaje de la obra, Oller contó con el inestimable asesoramiento del gran payaso inglés Tony Grice, casado con Trinidad, hija del domador español Rafael Díaz. Grice había actuado anteriormente en España durante larguísimos periodos y conocía sobradamente la cultura y el folclore del país de su esposa.

El público alemán ha demostrado históricamente especial predilección por los espectáculos de ambientación española. En 1908, el director del circo Keller encargó al prestigioso impresor Adolph Fiedländer unos enormes carteles para presentar a “Las giraldas, bailarinas españolas”. En 1919, la directora Paula Busch, gran amante de las pantomimas, presentó sobre la pista de su circo estable un espectáculo bajo el título de “Einst nach dem stiergefecht im Circus Busch” (“Érase una vez una corrida de toros en el circo Busch”).

En la temporada de invierno de 1927, los espectadores del Circo Price de Madrid quedaron boquiabiertos con la fantasía ecuestre titulada “Las mil y una noches” presentada por el insigne caballista William Truzzi. El jinete gozó de tan notable aceptación entre el público español que su compañía se presentó de nuevo en la capital ese mismo año, en el Campo del Racing, con motivo de la verbena del Carmen. Sin duda, esa estancia en España y el grato recuerdo de sus éxitos en nuestro país inspiraron a Truzzi el tema de la hoy considerada primera producción del circo estatal soviético: el espectáculo “Carnaval en Granada”, dirigido e interpretado por el propio Truzzi para el circo estable de Moscú (1927).

En sus memorias, publicadas bajo el título de Une vie de cirque por la casa editorial Arthaud (1983), Jerónimo Medrano, hijo del payaso español Boum-Boum y director del circo estable parisino que llevaba su nombre, consagra un capítulo completo a tratar de su producción “España”. Ante al rumor de que el Cirque d’Hiver de Gaston Desprez, primer competidor de Medrano, iba a presentar en febrero de 1932 un gran espectáculo suma de circo y danzas españolas, Jerónimo Medrano, junto con su colaborador el enharinado Antonet, viajaron a España para hilvanar los hilos de una producción que debía estrenarse el primero de enero. El programa de mano de la pantomima, que ocupaba la segunda parte, define el espectáculo como “Grande pantomime moderne en 4 tableaux, avec chants et danses typiques et autentiques (troupes inédites), mise en scène par R. et J. Médrano et Antonet”. A través de cuatro cuadros (La Venta de Eretana, La Feria de Sevilla, Café Flamenco y La Corrida de Toros), discurría una sencilla historieta llena de taberneros, rateros, gitanos, guardias civiles, contrabandistas, cantaores, guitarristas y bailaoras, y que servía para dar paso a atracciones como la del funámbulo Colleano o los payasos Cairoli, Porto et Carletto, así como a la corrida de toros dirigida por el matador Joaquín Machuca Machaco. “España” finalizó el 21 de enero, pero nuestro país seguiría bien presente en la mítica pista del circo de Montmartre: el 29 de enero se estrenó un programa que presentaba como estrellas a los famosos payasos españoles Los Andreu, con Charlie Rivel y su parodia de Charlot en el trapecio.

Debido a la anticipación de Medrano, el director del Cirque d’Hiver pospuso su espectáculo español para la temporada siguiente. En febrero y marzo de 1933, el circo inaugurado por Napoleón presentó “Toros. L’Espagne à Paris”, una pantomima integrada básicamente por cuadros coreográficos con numerosos participantes y extrema riqueza y variedad de vestuario. Las atracciones se reducían a la alta escuela de Roberto de Vasconcellos y a la banda cómico-taurina El Empastre. La pantomima española, al no cubrir íntegramente el programa, precisaba de algunas atracciones “teloneras” para iniciar la primera parte.

Si en los años treinta los circos estables parisinos competían con sus espectáculos de inspiración peninsular, en los cincuenta las producciones circenses “a la española” encontraron en los Países Bajos su principal escenario. En noviembre de 1952 llegaba a Barcelona el gran circo alemán del domador Harri Belli. El incansable empresario barcelonés Pedro Balañá se había encargado de todos los trámites de su entrada al país y su presentación en la Plaza de Toros Monumental. La compañía de Belli ofrecía atracciones de gran nivel, como los enanitos de Eduardini, los payasos Muñoz o los trapecistas Leotaris. De regreso a Alemania, Belli, que había conocido en España a Arthur Kaps y Franz Johan ―los directores de la compañía de revistas “Los Vieneses”―, empezó a proyectar la creación de un circo a la española. Al año siguiente, Belli presentaba en gira por Alemania su Circo Español, un espectáculo producido por Kaps y Johan e integrado por artistas como la actriz y cantante Nati Mistral, el ballet español de Laura Donoso, los payasos Rudi Llata y las marionetas de Herta Frankel. Realizaron en Holanda la temporada siguiente, esta vez con el nombre de Circo España y en asociación con Frans Mikkenie ―que visitó nuestro país con su circo en 1949 de la mano de Carcellé. El espectáculo presentaba algunas variaciones en el programa; por ejemplo, esta vez contaba con los payasos Babusio. Para esa temporada, consciente del espectáculo ofrecido ―solamente aparecía la alta escuela de Pedro de Valencia y los tigres de José Conde de Valladolid―, Frans Mikkenie rebautizó su circo como “Revue-Circus Mikkenie”.

Para la temporada de 1958, el gran circo holandés de Toni Boltini adoptó el nombre de Circo Español. En el espectáculo, sin embargo, no aparecían artistas realmente españoles: los números contratados españolizaban su nombre y cambiaban sus trajes por otros de inspiración hispana. De este modo, el domador Alberto Althoff pasaba a ser Alberto Basta y la funambulista Maria Hendriks se convertía en Carmencita.

El Cirque Espagnol, dirigido por el hijo de Selma Hahrenholz, realizó su tournée por Bélgica desde 1955 hasta 1960.

En su libro autobiográfico La otra cara del circo, el empresario Arturo Castilla dedica unas pocas páginas ―bajo el epígrafe de “El circo español en el extranjero”― a la que fue una gran aventura empresarial: la del Spanischer National Circus (1961-1966). La fuerte crisis que acechaba nuestro país en los sesenta motivó a la empresa Feijóo-Castilla, la del Circo Americano, a asociarse con la empresaria Carola Williams para hacer una gira por Alemania, donde ofrecieron un espectáculo circense teñido de folclore español. La gran carpa azul, rodeada de numerosas caravanas de madera rotuladas con el nombre del establecimiento, transmitía al visitante una innegable impresión de grandeza, a pesar de tratarse de un país acostumbrado a los circos de grandes proporciones. En la pista se alternaban los desfiles de carrozas con abanicos y panderetas gigantes, las bailarinas flamencas, los caballos andaluces y, claro está, un sinfín de atracciones circenses genuinamente españolas: la trapecista Miss Mara, los acróbatas aéreos Cuéllar, los alambristas Tonito o Volatín, los toros amaestrados de Manuel Rueda, los leones de Pablo Noel, las troupes 5 Frediani y 4 Belios, los payasos Emy-Goty y Cañamón y la orquesta de Mario Barcelo, sin mencionar a muchos otros. La exitosa empresa permaneció activa durante seis años.

Más allá de las fronteras alemanas, la compañía Feijóo-Castilla también firmó en Holanda y Bélgica otros espectáculos circenses de corte español. En las navidades de 1961-1962 el enorme edificio de la RAI en Amsterdam acogió una de las mejores producciones circenses de tema español de la historia. Las atracciones presentadas, todas españolas, destacaban tanto por su calidad como por su cantidad; entre ellas se encontraban la cama elástica de la familia Arriola, la trapecista Miss Mara, el alambrista Tonito, los payasos Rudi Llata, los leones de Pablo Noel, los barristas Domini, las rejoneadoras Paquita Rocamora y Rosita Lerma, los enanitos del payaso Eduardini y, ejerciendo de anfitrión, el único número holandés: la preciosa caballería de Strassburger.

El Cirque Royal de Bruselas ―bajo la dirección de Elisabeth t’Kindt― presentó en dos ocasiones el espectáculo “El Gran Circo de Madrid” de Feijóo-Castilla. La primera visita tuvo lugar en las navidades de 1962-1963, con un programa que ofrecía, entre otras atracciones, las de los payasos Rudi Llata, los toros de Manuel Rueda, los elefantes de Gunther Gebels, los leones de Pablo Noel, la doble cuerda floja de los Hermanos Tonitos y, como cierre, el desfile de “Las mil y una noches” procedente del Circo Americano. El espectáculo fue tan exitoso que la dirección, ya en enero de 1963, propuso alargar la estancia del circo mediante un segundo programa. Bajo el subtítulo de “Triomphe du Festival de Barcelone”, se presentaron los perritos de Lydia Parlow, el contorsionista Ib René, los barristas mexicanos Rodríguez y los payasos Di Lello y French, entre otros. Por último, en las navidades de 1980-1981, Arturo Castilla presentó nuevamente en el Royal otro “Gran Circo de Madrid”, posiblemente una de las últimas experiencias circenses de su empresa, ya próxima al cierre definitivo.

En 1967, la dirección del gran circo francés Amar ―que en 1969 haría gira por Francia con el Circo de Los Muchachos―, presentó su programa bajo el nombre de “Le Grand Cirque d’Espagne”. En la función se alternaban numerosos artistas españoles: Arturo Segura en la cuerda floja, la equilibrista Vicky Álvarez, el forzudo Tonisko ―hermano del mago Taff Ray― o el equilibrista Tito Reyes.

En Italia, el gran circo de la familia Togni se transformó en el “Gran Circo di Madrid” para una breve gira, que duró del 18 de noviembre de 1967 al 21 de abril de 1968. Al finalizar la tournée, el espectáculo adoptó de nuevo su marca anterior de Circo Americano para dirigirse a España de la mano de los empresarios Feijóo y Castilla. El Gran Circo di Madrid se presentó en Verona, Como, Roma ―en navidades―, Milán, Génova, Casale Monferrato y algunas ciudades de los alrededores de Milán. En su espectáculo figuraban, entre otros artistas, el domador de leones Pablo Noel, los payasos Rudi Llata, la troupe de ciclistas Biasini, la contorsionista Fátima Zohra y los alambristas Volatín y Marina. Tras la pista, un pequeño escenario lucía decorados con motivos típicos del foclore español, como una plaza de toros y un patio andaluz. Gran parte de la producción procedía del viejo Spanischer National Circus.

Algunos artistas italianos que habían hecho fortuna en España abrieron circos con nombres españoles al regresar a su país: la familia Franchetti, que viajó por España con el espectáculo “Circo de Austria” de la empresa Amorós-Silvestrini, realizó gira por Italia con su Circo di Barcellona; la familia Zamperla, que actuó en el Circo Atlas de los Tonetti durante tres temporadas (1971, 1972 y 1975), presentó en su país su Circo di Madrid (1992-1994); la familia Carbonari, que visitó España en los años sesenta con los Franchetti y en 2004 en sociedad con Faggioni, llamó a su espectáculo Circo di Spagna; finalmente, la familia Casartelli, que presentó el Circo Aurora-Coliseo por nuestras ciudades en los años cincuenta, también exhibió, bajo dirección de Eugenio Larible, su Circo di Barcellona (1971 y 1972). La familia italiana Niemen realiza en 1978 su segunda temporada en Yugoslavia bajo el nombre (prestado por la familia Dola que lo explotaba en Italia) de Cirkus España. En su programa aparecen, entre otros, artistas como Nemore Jarz (trapecistas), Macaggi (acróbatas), Forgione (payasos) o Randols (icarios).

La empresaria Elfi Althof-Jacobi tituló la producción 1987 de su circo nacional austriaco “Olé España”. En el programa: los payasos Tony Alexis Family, el alambrista José Muñoz y el ballet flamenco de teo Santelmo.  En Inglaterra, John Roberts y su esposa, la española Antonia “Tonia” Cristo, presentaron en tres ocasiones un Spanish National Circus: en 1982 en sociedad con la familia italiana Biasini; en 2000 una corta y poco exitosa temporada como “Circus Olé”, con los payasos Pepín León y, finalmente, en 2006 con un espectáculo que incluía las tres atracciones de la familia Nicols: el alambrista Nico Nicols, el malabarista Michael Olivares y ambos hermanos junto a su padre como payasos (Los Nicols). En 2008 el circo inglés Zippo’s presentaba su espectáculo bajo el nombre de “Viva España” donde aparecían nuevamente las tres atracciones de Los Nicols.

En Bassel (Suiza), durante las navidades de 2000-2001, el payaso español Tony Alexis produjo un espectáculo que adoptó el nombre de Circo de Andalucía. Bajo una bella carpa, desfilaban atracciones peninsulares como la del verticalista Ciscu León, el alambrista José Luis Muñoz, los rulistas portugueses Gaspar y las de la familia del propio productor. Por desgracia, la experiencia no pudo gozar de continuidad ya que no consiguió satisfacer las expectativas económicas.

En 2006, mientras se proyectaba un gran festival circense en Albacete, Ricardo Beléndez ―director del Teatro Circo de la ciudad― encargó una edición cero del evento al autor de estas líneas. Para esa ocasión se diseñó un programa inédito en nuestro país: ofrecer en un mismo espectáculo una selección de los mejores artistas de circo españoles, que ya habían triunfado en el extranjero pero eran prácticamente desconocidos en nuestro país. Curiosamente, era la primera vez que una producción de este tipo se realizaba en España. Así, se dieron cita los vuelos de la trapecista Graziella Galán, la reina del hula hoop Dense Randol, los malabares a gran velocidad de Picaso Jr., las acrobacias sobre patines del Dúo Randol, la fina comicidad de los Gotys, el humor de la familia de Tony Alexis, los paseos por el alambre de Miguel Ferreri y las acrobacias del dúo Spiral.

Entre los primeros espectáculos producidos por el nuevo Teatro Circo Price de Madrid, el titulado “Rocinante, en un lugar de la magia” (12 de marzo―24 de abril de 2008) ofrecía una curiosa mezcla de artistas italianos (el mago Ivano Jarz y los pulsadores Pellegrini) y españoles (la cama elástica y los trapecios de Los Tonitos, la doble cuerda floja de los Hnos. Álvarez, los malabares de Antonio Álvarez, los payasos Gotys, el monociclo de Niedziela y las pompas de jabón de Louisa Raluy). A pesar de contar con unos cómicos televisivos y la dirección artística del italiano Rafael De Rittis, el espectáculo no obtuvo el respaldo de la crítica.

Temporada tras temporada, el circo nacional holandés Herman Renz ha articulado su programa alrededor de un tema central. Una vez ha escogido el leitmotiv del espectáculo, su director, Robert Ronday, contrata las atracciones que mejor puedan adaptarse a aquél. Para la gira 2009, su show llevaba el título de “Gitano” y en su pista, rodeado de flamencas, se presentaba el joven alambrista español Nico Nicols acompañado de su hermano, el malabarista Michael Olivares.

Desde que José Oller arrancara con su “Foire de Seville” en su Nouveau Cirque hasta el estreno de la segunda edición de “Estrellas del Circo”, han pasado 123 años, más de un siglo en el que el color, la fuerza y el ritmo de las artes circenses han hecho maridaje con la autenticidad de la danza y el folclore españoles. Una fusión que, sin duda, aún tiene muchos más episodios que ofrecer.

Fuente: Programa de mano "Estrellas del Circo", Teatro Circo de Albacete, septiembre 2010.

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