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Atilina Segura, Medalla de Oro

Francisco Mª Martín Medrano



Estamos ante una de las figuras emblemáticas del circo de la segunda mitad del siglo veinte. Lo que llegó a hacer en el alambre bajo en aquellos tiempos la coloca entre una de las artistas más destacadas de su género. Estamos ante una señora serena tocada con un cálido acento canario

¿Qué sabes Atilina de tu nacimiento, de tus orígenes?

- Mi abuelo paterno pertenecía a la clase media de Alcoy. Su abuelo le pagaba  la carrera de médico, pero al fallecer continuó sufragándosela un tío; sin embargo mi abuelo se escapó y un titiritero cómico llamado Anastasio le enseñó acrobacia. Con lo aprendido llegó a hacer de escalatorres, arreglaba pararrayos; luego sería payaso, portor de percha y trapecista. Tuvo diecinueve hijos con mi abuela Atila, y dos con una segunda esposa; aunque muchos murieron y a la vez nunca vivieron más de nueve. Precisamente fueron estos abuelos los que asistieron a mi madre mientras me dio a luz en un bajo de El Paso (Isla de la Palma), el resto de la familia se había ido al cine. Él me puso el primer nombre artístico que tuve “Tina Zelanova, la Reina del funambulismo”.


Tu abuelo fue el patriarca de una de una de las dinastías hispanas de mayor raigambre dentro del mundo del circo.

- El sueño de mi abuelo se hizo realidad cuando en 1941 tuvo la primera carpa del Circo Segura. La cosíamos y repasábamos nosotros mismos. Uno o dos años después, con Manuel Mejías Medina “Taff-ray” como representante y administrador vinimos a la península. Cuando viajábamos en la caja de un camión alquilado, las familias Álvarez y Segura tuvimos un accidente en el que murieron tres miembros de la nuestra. En el mismo trágico suceso mi hermano Arturo se fracturó una pierna; el Dr Girón en el Hospital San Juan de Dios de Jerez tuvo que volvérsela a romper  para que le soldase de manera que no quedase cojo; yo me quedé en esta localidad para poder visitarle con la madre de “Taff-ray”, que era de allí.


¿Cómo fue tu aparición en la pista?

-Mi debut bajo la lona lo hice con mi madre cuando contaba 7 ó 9 años. Ella, con una escalera en equilibrio sobre sus pies;  a la vez que yo estaba arriba de la misma haciendo acrobacias. Mi padre y mi tío Raúl se colocaban con una escoba abajo para que subiese por la escalera. En octubre cerrábamos el circo y actuábamos en locales cerrados; en una ocasión, el aparato en el que se colocaba mi madre se tuvo que apoyar de esta manera: dos patas en el escenario y dos encima del piano. En otra , la lámpara de carburo que nos iluminaba se apagó estando una servidora en lo alto; a tientas mi padre y mi tío Raúl agarraron la escalera, pero no pudieron evitar que me estrellase entre dos sillas del público. Recuerdo la infancia andando por las carreteras de entonces cargados con maletas buscando una fonda barata.


¿Cómo era el Circo Segura?

-El Circo Segura era de 22 metros de diámetro con capacidad para 800 personas. Al principio alquilábamos varios camiones para su transporte; en ocasiones, un vagón de tren de segunda. Dormíamos bajo la grada o en los camerinos. Trabajábamos mucho por Andalucía; también realizamos alguna gira por el norte. La banda se llamaba “Orquesta Montecarlo”, con 7 músicos; el locutor era el cantante José Luis que interpretaba “Noche de Ronda” cuando con mi madre hacía la escalera pedestre. Realizábamos presentaciones muy bonitas como “Noche de Hawai” y “Noche de Bagdad”, en la que decoramos el control de salida de artistas como un palacio árabe. Era un circo coqueto. Mi padre y mi tío Raúl lo dirigían. Ellos eran también los payasos: mi tío Raúl era muy buen augusto. Cuando nos fuimos a América mi tío Raúl siguió un corto tiempo, cerró y empezó a trabajar en teatros; luego formó parte con sus hijos del Circo Atlas de los Hermanos Tonetti en 1957.


¿Realizaste algún otro número?

-Sí, el número de balanza junto a mi padre, Julián y mi hermano Arturo. Aunque el número estrella de la familia en aquellos tiempos era el de los “Piratas del aire” en el autogiro de la muerte. Era un número muy espectacular que lo realizaban: mi padre y sus hermanos Raúl y Salvador. Salvador era muy buen artista y al morir en el accidente de carretera tuvo que ser sustituido por mi tía María Cristina del Pino, que luego sería mundialmente conocida como “Pinito del Oro”. Pero en 1948 “Pinito” cae en Huelva al fallarle la sujeción. Entonces la sustituyo. Años después a mí me reemplazó mi prima Carmen del Teide. En este número, cuando mi tío Raúl no estaba, era remplazado por Pedro. Con esta atracción estuvimos dos veces fuera de nuestro circo: en Oporto y durante unas navidades en Barcelona en el Circo Corzana.


¿En qué consistía tu número en el alambre?

-La música eran dos mambos y realizaba sucesivamente en la primera parte: espacada, piruetas, saludo, salto, salto de bailarín, salto sentada a los lados. Y en la segunda: el salto mortal atrás, saludo, salto a la comba y salida en plancha a suelo hacia atrás partiendo de sentada. Para una mujer en aquella época era muy dificultoso. Hay que tener en cuenta que para ensayar no tenía una loncha, sino a mi padre y otro familiar subidos en sillas a los lados, que tiraban de un cinturón si fallaba el salto. En el Ringling estuve preparando el mortal adelante antes de las funciones.


¿Qué recuerdas de tu época americana?

-Nos impresionó mucho a todos la temporada final de Ringling como espectáculo itinerante con carpa. Estábamos allí un grupo de excepcionales artistas españoles: “Pinito del Oro”, Tonito, Mara, los hermanos Marialex, Tito Reyes, nosotros… El sindicato de empleados presionaba a la empresa: los motores de los tractores aparecían con azúcar en su interior, frenazos inesperados en los viajes en tren… Llegó un día que los artistas tuvimos que armar y desarmar las jaulas; coincidió que hacía poco que la carpa había sido destrozada por el temporal. A media temporada el Sr. Ringling mandó recoger el circo en sus cuarteles de invierno de Sarasota (Florida). Fue duro para muchos artistas buscar trabajo en aquel momento.


¿Qué episodios destacas de tu carrera?

-La temporada navideña en el Bertran Mills en Londres, actuando para la princesa Margarita con artistas tan inolvidables como los Schumann, entre los que destacaba Paulina, o los Caroli; era una extraordinaria compañía. También recuerdo con especial emoción en 1967 cuando estando actuando en la antigua Yugoslavia con el circo de Liana Orfei, el director me pidió que intentase dar el mortal atrás en el alambre, pues se encontraba un ministro presenciando la función; llevaba un año sin ensayar este truco desde haber dado a luz a mi hijo y me salió al primer intento. El Festival Krone en Barcelona, las actuaciones con el Price, la gira con este circo por las Canarias, el Premio Nacional de Circo o cuando en Oporto me nombraron Reina del Festival de Circo… fueron momentos muy bonitos.


¿Cómo terminaste tu carrera en el alambre?

- Al volver después de cinco años de trabajo en Italia con Liana Orfei, mi marido paró el coche en un terraplén cercano a San Remo y tiró allí mi aparato. Él tenía miedo de que sufriese un accidente más.


 Tu vida es rica en momentos agradables y curiosos. Cuéntanos alguno más.

- Volvíamos con nuestros hijos de la temporada en Noruega para que se incorporasen al Circo Pinder con el tiempo justo. Nevaba y para colmo nos encontramos con la carretera cortada en Francia por una huelga. Mi marido explicó al piquete la circunstancia y sus integrantes nos dijeron cómo dar un rodeo por una carretera secundaria para pasar el bloqueo. Pero la caravana quedó encajada en un puente. Mi marido vio un campamento gitano junto al río y les pidió ayuda. Aquella gente, soportando una nevada, nos ayudó a desencajar la caravana y nos posibilitó poder llegar puntualmente a cumplir con nuestro contrato.


¿Qué te ilusiona hoy?

- Disfrutar con el éxito de mis hijos, el dúo de equilibristas los Segura: éste es el último galardón que acaba de entregarles la Federación Internacional de Circo en Viena. Ahora ellos también han decidido retirarse. Me gusta la vida en familia en mi casa cerca de Valencia, junto a mi esposo y mis hijos.

Esta entrevista fue publicada en el número 0 de un Infocirco que nació en papel para democratizarse,más tarde, como web.

Fuente: Revista Infocirco nº 0

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