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Girona y el Circo (ES)

El Tarlà de la calle de la Argenteria se ha convertido en una de las figuras gerundenses más emblemáticas. Tanto su vestuario como sus acrobacias encima de la barra nos recuerdan a los antiguos saltimbanquis que lucieron sus habilidades por las calles y plazas de Girona. Entre estos ganaron gran popularidad funámbulos como Arsens Blondin, nombre artístico del español Federico Álvarez, que ocho años después de cruzar el río Sena en París, en 1890 cruzó la plaza de la Independencia. Con anterioridad a este actuaron en el escenario del Teatro Principal compañías de volatines o danzadores de cuerda que mostraron sus habilidades caminando, bailando y haciendo acrobacias encima de una cuerda de cáñamo.

Primeras compañías ecuestres
La proximidad con Barcelona hizo que durante años la familia Alegría, que regentó primero el Circo Ecuestre Barcelonés de la plaza de Cataluña (1879-1895) y posteriormente el Circo Ecuestre del Tívoli (1897-1907), desplazara hasta Girona su compañía para hacer una breve temporada. Su espacio preferido fue el Teatro Jardines de Novedades de la plaza Marqués de Camps donde los encontramos, por ejemplo, en marzo de 1903, presentando apellidos ilustres de la historia del circo como los Briatore o los Perezoff.

La plaza de toros, a pesar de estar bastante alejada del centro de la ciudad, fue uno de los espacios preferidos por muchas compañías ecuestres y acrobáticas. Algunos de estos espectáculos se completaban con los arriesgados alzamientos de globos aerostáticos tripulados por aeronauta como Budoy (1897) que mientras despegaba mostraba temerarias acrobacias colgado del trapecio.

El carácter céntrico de la plaza de la Independencia propició que se instalaran circos ambulantes hechos con construcciones de madera como el Circo Ancillotti (1888). Esta familia ha pasado a la historia del circo por la excepcionalidad de sus ejercicios acrobáticos sobre los “velocípedos”, bicicleta de dos ruedas de diferente tamaño, siendo la delantera de gran altura y portadora de los pedales dentro de su eje. En Girona hicieron numerosas amistades y el joven Hugo Ancillotti impulsó la creación del primer club “velocipédico” de la ciudad.

El 15 de junio de 1889 se inauguró en la misma plaza el Círculo Álvarez, que posteriormente llamaría Circo Álvarez. Inicialmente Antoni Piferrer, su propietario, dedicaba el local a hacer bailes y otros actos sociales. Pocos días después de su inauguración se presentó una compañía de monos y perros sabios, pero pronto fue reformado, ampliando sus dimensiones y añadiendo la instalación eléctrica. Estas mejoras permitieron presentar la gran Compañía Ecuestre y Acróbata del Circo Español de Barcelona “, dirigida por Cirilo LLop. El Circo Álvarez existió poco más de diez años, fiel a su carácter multidisciplinar; conviviendo a veces con otros circos provisionales que se levantaron en la misma plaza, como es el caso del Circo Ferroni, que visitó la ciudad en el verano de 1898.

Funámbulos, faquires y otros prodigios
A comienzos del siglo XX cines gerundenses como el Granvia, el Salón Gerió o el Coliseo Imperial acostumbraron a completar sus programaciones con atracciones de circo y variedades. En este último espacio pudo verse el número de Miss Rossie, alambrista que lucía sus habilidades dentro de la jaula de los leones de Mr. Wood (1910).

Los faquires despertaban siempre gran expectación como es el caso de Blacaman (1928), que entre otras habilidades, hipnotizaba leones. Suanhya (1929) viajó desde Barcelona hasta Girona en tren, pero a diferencia del resto de mortales lo hizo dentro de una caja para guardar sombreros. Su traslado desde la estación de tren hasta el Teatro Albéniz fue publicitado como la antesala de su espectáculo. Más sorprendente fue el faquir Campoy (1936) que anunció que encerrado en su ataúd, atado de pies y manos y tapadas las vías respiratorias estaría enterrado a un metro de profundidad durante cuarenta y cinco minutos.

Los grandes circos centroeuropeos
Las dificultades económicas que Francia y Alemania atravesaron a causa de la Primera Guerra Mundial, propiciaron que algunos de sus circos importantes nos visitaran. En 1924 lo hicieron dos grandes circos franceses: el Gran Circo Royal de Francia de la familia Prin y el Hagenbeck. El primer vino a mediados de marzo, instalándose en la plaza existente en la calle del Carmen y el segundo alzó velas, a principios de octubre, en el corazón de la Devesa. Tras la marca Hagenbeck se escondía realmente el Circo Palisse que había decidido cambiar de nombre para realizar su segunda tournée por España. Su espectáculo contaba con atracciones excepcionales como el alambrista Maiss, los leones del domador español Jesús Vargas, los trapecistas Troupe Algevol y los payasos Barraceta.  Precisamente Isidoro, uno de los miembros de este trío de payasos, era hijo de Flaçà. Un año después y en el mismo lugar, se instaló el Gran Circo Hipódromo Pinder, dotado de una impresionante colección de animales, con más de doscientos caballos, y una cantidad de vehículos y caravanas que dispuestos en fila formaba una cola aproximada de dos kilómetros .

Los grandes circos europeos que visitaron Girona dejaron una huella difícil de superar. Sus grandes dimensiones contrastaban con las pequeñas de los circos españoles ambulantes de la época. Durante muchos años, hasta pasados ​​los cincuenta, la mayoría de nuestros circos tenían unas medidas modestas, cubiertos con lona pero siendo de madera la parte circular que tapaba las gradas.

Las ferias de Sant Narcís se convirtieron en un periodo propicio para la llegada de circos y éstos, para aprovechar la gran afluencia de gente, solían instalarse cerca del espacio donde los feriantes plantaban sus atracciones: primero, a la Avenida de Jaime I, más tarde, a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, en la Devesa, aprovechando que los feriantes también se habían trasladado. La proximidad con Figueres hacía que a veces los circos que visitaban la capital alto ampurdanesa por las ferias de la Santa Cruz también se acercaran, antes o después, a la capital de provincia. A veces se dieron casos de circos, como el Olimpique Circus de Salvador Hervás, que visitaron Girona dos ocasiones en un mismo año (1934).

Entre los otros circos que actuaron durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado cabe destacar el Circo Nacional de la familia Frediani, el Maravillas de Eugenio Romero (que solía hacer la ruta de Andalucía), el Trébol del matrimonio Bárcena-Perezoff y el Corzana. Este último presentó algunos espectáculos en el Teatro Principal publicitándose como provenientes del Circo Olympia de Barcelona. Pero, sin duda, la empresa que más circos ha presentado en Girona ha sido la de los hermanos Amorós-Silvestrini. Siendo las ferias de Sant Narcís las últimas del calendario solían finalizar su temporada en Girona, donde muchas veces coincidían los dos circos en ruta que habitualmente tenía la empresa. En los últimos días de su estancia gerundense solían juntar las dos compañías en una sola, dando así la oportunidad a quien aún no había visto ningún espectáculo de poder ver, a precios populares, lo mejor de cada programa.

Silvestrini fue el introductor de los circos italianos en España. Dos de ellos comenzaron su tournée en Girona: el Circo Jarz (también publicidado como Italiano, 1957) y el Circo Italiano Aurora (también llamado Casartelli, 1958). Junto con el Circo Cristiani (1958), los tres mantenían la esencia del circo de antaño, familiar, con artistas polivalentes, capaces de presentar números de disciplinas diversas. En algunas de temporadas, los Amorós-Silvestrini se asociaron con el valenciano Salvador Hervás, presentando espectáculos como el Circo Mexicain. Cuando este circo visitó Girona durante las ferias de 1959 el periodista Jordi Oms entrevistó al domador Gerardi dentro de la jaula, rodeado de siete leones.

Pocas veces los circos de esta empresa encontraban competidor en las ferias de Girona. Y las excepciones son contadas. Así, en 1964 los aficionados gerundenses tenían tres circos para escoger: el Cirque d’Hiver y el Continental de los Amorós-Silvestrini y el Circo Roma de los hermanos Alonso. El año siguiente encontraron un gran competidor en el Circo Atlas de los payasos hermanos Tonetti, que tenía como artistas a los Faggioni, que años más tarde se convertirían en empresarios circenses. Las ferias de 1965 fueron un momento especialmente complicado para Amorós-Silvestrini ya que en sólo un mes y medio habían sufrido dos pérdidas: la muerte de Lucas Amorós y el incendio del Cirque de París en las fiestas del Tura de Olot.
Osvaldo Silvestrini y Paquito Amorós decidieron entonces juntar las dos compañías que tenían, debutando tres días después de su competidor. Al año siguiente los Tonetti repitieron por las ferias con un extraordinario programa que contaba con los trapecios volantes de los 4 Jarz y el malabarista Bela Kremo. Pero esta vez los hermanos Amorós-Silvestrini (que mantenían intacto el nombre de la empresa a pesar del fallecimiento de Lucas) plantaron cara presentando al Circo Togni de Italia, que contaba con atracciones de esta familia combinadas con otras como el malabarista valenciano Gran Picaso. El Circo Atlas ya no volvería a Girona hasta 1981, curiosamente un año después de que los Amorós-Silvestrini hicieran la última estancia en la ciudad utilizando la marca Circo Americano, alquilada a Arturo Castilla.

La gran amistad que los Amorós-Silvestrini tenían con Feijóo-Castilla hizo que estos últimos los respetaran y nunca entraran en competencia. Así solían presentar sus circos el mismo noviembre, una vez finalizadas las ferias o bien durante el verano. Solían hacer visitas relámpago ya que nunca sobrepasaban los tres días de estancia, en un intento de rentabilizar al máximo su gira, todo gracias a una modélica organización que les permitía montar y desmontar su circo en tiempo récord.

Los circos en ruta peninsular
La empresa Feijóo-Castilla podía basar su publicidad tanto en artistas circenses de renombre como procedentes de otros ámbitos, como el caso de los cantantes Antonio Molina y Enrique y Ana (Circo Price, 1962 y 1980), Mary Santpere (Festival Mundial del Circo, 1971) y los payasos de la tele: Gaby, Fofito, Miliki y Milikito (Circo Americano, 1978). Entre las grandes atracciones circenses podríamos destacar: Pinito del Oro y los payasos Rudi-Llata ​​(Circo Price, 1969), los hijos de los legendarios payasos Pompoff y Thedy: “Zampabollos”, “Nabucodonosorcito” y Víctor (Circo Price, 1972 y 1975) y los diez osos polares de Ursula Botcher (Circo Price, 1974).

Pocos días después de finalizar las ferias de 1967 llegó por primera vez en Girona el Rusus Circus de Cristóforo Cristo. En el programa sobresalían los domadores de panteras Alfred Beautour y de leones Ángel Cristo, los alambristas Arata y los payasos Hermanos Méndez. Seguramente, la exitosa incursión de los Feijóo-Castilla por tierras gerundenses hizo que los Cristo decidieran no volver hasta siete años después, cuando -ya con Ángel Cristo en la dirección- el Circo Ruso, actuará un único día (16/08/1973) dentro de la plaza de toros sin montar su carpa. En 1975 casi por las mismas fechas veraniegas se presentaron de nuevo bajo el nombre de Circo de Budapest. Pero fue en 1978 cuando nos visitó por primera vez con el nombre que le daría más fama: Circo Ruso sobre hielo. Contaba con dos pistas de grandes dimensiones, una clásica circular y otro rectangular de hielo. Cuatro años más tarde Ángel Cristo volvió a Girona en compañía de su segunda esposa, Bárbara Rey. Su situación personal se había agravado por una serie de problemas: acababan de finalizar de manera repentina una problemática gira por Francia, le habían aplicado cincuenta puntos de sutura en la espalda debido al ataque de una de sus fieras y para acabar de complicar las cosas, al llegar a la ciudad, Cristóforo Cristo tuvo un amago de infarto y tuvo que ser ingresado en el Trueta. En 1997 Ángel Cristo levantó su vela en la plaza de toros con un programa que contaba con excelentes animales-artistas: los Cassell (que aseguraban tres números: paso a dos a caballo, caballos en libertad y elefantes ), los gatos de Elena y Serguei, las focas del Duo Burkalli y como siempre, las fieras de Ángel Cristo. Ángel Cristo volvió por última vez a Girona en marzo de 1999 como primera figura del Circo Universal.

La original propuesta del Circo Ciudad de los Muchachos del “padre Silva” llevaba incorporado un trasfondo religioso y tenía una curiosa forma de publicitarse: alzar sus clásicas pirámides humanas en diferentes espacios de la ciudad que visitaba. Las cuatro veces que actuaron en Girona lo hicieron en espacios diferentes: la plaza de les Botxes de la Devesa con su carpa (1968) i sin esta en el Teatro Municipal (1982), en la plaza de toros (1989) i el pabellón de Palau Sacosta (1992).

El Circo Mundial visitó Girona por primera vez en 1982. Pese a tener atracciones de nivel, como los funámbulos Quirós, presentaba como cabeza de cartel a los televisivos Pancho y Javi de la popular serie Verano azul. Todo parecía indicar que el circo de los hermanos González tomaría el relevo de los hermanos Amorós-Silvestrini como “circo de las ferias”, pero no fue así ya que tardaron cuatro años en hacer la segunda y última visita hasta la fecha, con un programa encabezado por los payasos televisivos ” Monano y su banda”. La continuidad vino de la mano de circos extranjeros que se establecieron en nuestro país como es el caso de los diferentes circos de la familia Faggioni —Circo Las Vegas sobre agua (1984 ), Circo Royal Americano (1985 ), Circo Europa ( 1986-89 )— , los Rossi —Circo Nacional de Italia (1991), Circo Italiano (1992), Circo Europa (1995)— y Zinneker —Circo Alemán Medrano ( 1993-94). Los Faggioni, que también vinieron en repetidas ocasiones a la ciudad fuera del periodo de ferias, apostaron por el formato de las tres pistas con los circos Europa y Americano.

Los últimos veinte años
Las ferias de Sant Narcís de 1997 estrenaron tanto circo como ubicación. El joven historiador figuerense Genís Matabosch –entonces estudiante en la Universidad de Girona– llevó por primera vez a Cataluña el Circo Raluy. Los Raluy, que habían venido por primera vez a Girona en 1978 utilizando la marca Circo Ringland, habían cambiado de estilo –ahora a la antigua– y rebautizado su circo con el apellido familiar. Sus caravanas de época llenaron de romanticismo la plaza Miquel de Palol y desde entonces se ha mantenido fiel a su estilo tradicional, asegurado por miembros del linaje Raluy y pocos artistas ajenos a este.

El mismo Matabosch, ahora en sociedad con el productor francés Claude Blessés, presentó en 1998 el Circo de Moscú sobre hielo, donde brillaban con luz propia la pareja de payasos Serguei Prosvirnin y Vladimir Starikov. El joven figuerense organizó siete años después, en 2005, la primera gira fuera del territorio francés del prestigioso Cirque Medrano. Esta finalizó en Girona con un éxito sin precedentes, quedando más de doscientas personas sin poder comprar localidad en la última función. El Medrano presentó entonces dos números que acababan de ser premiados en el Festival Internacional de Circo de Montecarlo: los tigres blancos de Susan Lazey y los caballos de Carlos Saavadra. El Cirque Medrano repitió su estancia los dos años siguientes: en 2006 con el espectáculo del Circo sobre Agua y en 2007 con Las Estrellas del Circo de Moscú.

La inclusión del circo dentro de la programación del Festival de Teatro Temporada Alta ha permitido que los gerundenses disfruten de espectáculos como los de la compañía acrobática de Tianjin (2004), Slava’s Snowshow (2009) o el pre-estreno mundial de Nebbia (2007). Este último, de las compañías Teatro Sunil y Cirque Eloize, era un espectáculo de corte contemporáneo con un marcado carácter intimista que sacaba a la luz sentimientos y emociones, en los que el espectador se sentía cercano de la aventura representada: curiosa simbiosis de música, teatro y circo, que destacaba por su excelente iluminación y puesta en escena.

A mediados de abril de 2008 llegó a Girona ‘Piratas, Piratas!’, de la prestigiosa compañía holandesa Stardust. El espectáculo estaba influenciado por las últimas producciones de Hollywood sobre las aventuras de piratas. El programa destacaba por su calidad, variedad de disciplinas, riqueza de vestuario y música, en especial un apoteósico final con los artistas bailando jumping jumpstyle.

Circus Arts Foundation, organizadora del Festival Internacional de Circo Ciudad de Figueras, nos presenta estas próximas fiestas, en el pabellón de Fontajau, el Circo de Navidad de Girona. Esta fundación sin ánimo de lucro presenta una selección de los mejores números de circo sobre hielo del mundo, acompañados de dos atracciones premiadas en el Festival de Figueras: los payasos chilenos Caluga y la joven contorsionista estadounidense Jordan McKnight.

Fuente: Ramon Bech

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