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Blondin (FR) en Barcelona (ES)

El funambulista francés Blondin llegó a Barcelona en marzo de 1863. En ese momento era una celebridad mundial al haber sido el primero en atravesar las cataratas del Niágara el 30 de junio de 1859. Leer más

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Manuel Alba Roja, el enigmático Profesor Alba (ES)

 

El Profesor Alba supo vender la imagen de hombre sabio preocupado por transmitir ciencia en sus “experimentos mentales”. Sus ejercicios de hipnosis y espiritismo, perfectas sesiones de Ilusionismo presentadas como espectáculo científico, le convirtieron en el mentalista más famoso de su tiempo.
Revistió sus “poderes” de tal autenticidad que incluso su propia familia creyó en ellos. Una biografía suya publicada en 2001, basada en los recuerdos de su hija Consuelo, refleja su carrera como fruto del buen uso de sus extraordinarias capacidades mentales.
El Profesor Alba contaba en el escenario con la impagable ayuda de su mujer y médium Tivolina prometedora bailarina que al conocerle dejó su profesión para trabajar junto a su marido y ayudarle a convertirse en uno de los más importantes artistas de su época, la de los años veinte, treinta y cuarenta. Ella fue quien le propuso crear un “espectáculo científico”, le enseñó refinamiento en el escenario y se encargaba durante las actuaciones de conseguir subrepticiamente parte de la información que luego “llegaba” a la mente del Profesor Alba. Además, también ejecutaba “ejercicios de prestidigitación y necromancia”.
Entre ambos dejaron absortas a varias generaciones de españoles, y hasta se comparó con Onofroff. Fue precisamente de este artista e hipnotizador de principios de siglo, cuyos impr4esionantes y polémicos espectáculos de hipnosis y catalepsia se hicieron famosos en toda Europa y América, de quien el Profesor Alba aprendió. Lo conoció en Sevilla durante una de las giras de Onofroff por España. Quedó tan impresionado que, con sólo catorce años, Manuel se enroló en su espectáculo como repartidor de propaganda y recadero. Acompañó al célebre mentalista durante los cinco años que estuvo en España y de él aprendió las bases de sus funciones.
El Profesor Alba hacía sesiones de hipnotismo, espiritismo, pruebas de rigidez y resistencia corporal. En realidad, la mayor parte de ellos eran clásicos juegos de magia, como la aguja clavada en el cuerpo o la rotura de piedras que se hallaban encima del cuerpo del mago, tumbado éste sobre dos sillas. Pero los que más impresionaron a su público fueron los efectos de trasmisión de pensamiento, entre ellos “La voz de la Tumba”, en el que Tivolina, en su papel de médium, era encerrada con un micrófono en una cabina e iba adivinando los objetos que el Profesor Alba recibía mientras se paseaba entre los asistentes. También realizaron deslumbrantes ejercicios de hipnosis colectiva, regresiones y alteraciones de la voluntad del público. La audiencia llegaba a experimentar acontecimientos singulares bajo las órdenes del Profesor Alba.
Dieron sus primeras funciones en cine, al final de las películas, ella con efectos de magia clásica y él con los de mentalismo. Algunas veces debían actuar en dos tiempos, uno antes y otro después de la película; si así ocurría, en la primera parte lo hacía Tivolina (entonces Lolita, su nombre real hasta que optó por cambiar al seudónimo) y en la segunda parte el Profesor Alba con ella como ayudante, pero ataviada con una peluca para aparentar ser una persona diferente.
El éxito se disparó y, en compañía de sus cinco hijos, actuaron por toda España y el norte de África. Cuando llegaron a Valencia quedaron prendados de ella y jamás la abandonaron como lugar de residencia. El inicio de la Guerra Civil separó temporalmente a la familia que se hallaba de gira en Zaragoza con varios de sus hijos, pero una vez acabada la contienda pudieron reunirse de nuevo y proseguir una carrera que se hizo imparable.
El renombre de la pareja eclipsó incluso al de otros mentalistas de su tiempo que sí ejercieron como ilusionistas. El más destacado de ellos fue Fassman, paradigma del proceso de abandono que sufre la historia de la magia española, ya que a pesar de su profesionalidad, de la gran importancia que dio a ésta como espectáculo artístico, y el gran esmero que puso en su interpretación, no es mucho lo que se sabe de él.
En 1944, el Profesor Alba cayó enfermo y hubo de abandonar la escena. Falleció transcurrido algunos años y, como dos cartas de una baraja que se desmoronan juntas, Tivolina lo hizo poco después. Aún así, el Profesor Alba retomó los escenarios a la muerte de Manuel Alba. Su hijo Manolo, empleando el seudónimo de su padre y con el apoyo en escena de sus hermanas Lolita y Consuelo, y de su hermano Antonio en la gestión de los negocios, continuó el estilo de magia de su progenitor y triunfó en América. En este continente supo aprovecharse de la credulidad de importantes sectores de la población hacia los temas paranormales, y del deseo de muchos de despojarse incluso de su patrimonio por saber de familiares ya fallecidos o albergar esperanzas hacia lo que el futuro les deparase.
El Profesor Alba hijo murió hace pocos años, en 1997, con setenta y un años, una enorme fortuna y famoso por su capacidad para encontrar objetos en lugares ocultos de la sala, adivinar listados telefónicos y conducir automóviles a ciegas. Fueron magníficos efectos de magia que la saga de los Alba convirtió en espectaculares “pruebas” de su ciencia.

El Profesor Alba supo vender la imagen de hombre sabio preocupado por transmitir ciencia en sus “experimentos mentales”. Sus ejercicios de hipnosis y espiritismo, perfectas sesiones de Ilusionismo presentadas como espectáculo científico, le convirtieron en el mentalista más famoso de su tiempo.

Revistió sus “poderes” de tal autenticidad que incluso su propia familia creyó en ellos. Una biografía suya publicada en 2001, basada en los recuerdos de su hija Consuelo, refleja su carrera como fruto del buen uso de sus extraordinarias capacidades mentales.

El Profesor Alba contaba en el escenario con la impagable ayuda de su mujer y médium Tivolina prometedora bailarina que al conocerle dejó su profesión para trabajar junto a su marido y ayudarle a convertirse en uno de los más importantes artistas de su época, la de los años veinte, treinta y cuarenta. Ella fue quien le propuso crear un “espectáculo científico”, le enseñó refinamiento en el escenario y se encargaba durante las actuaciones de conseguir subrepticiamente parte de la información que luego “llegaba” a la mente del Profesor Alba.

Además, también ejecutaba “ejercicios de prestidigitación y necromancia”. Entre ambos dejaron absortas a varias generaciones de españoles, y hasta se comparó con Onofroff. Fue precisamente de este artista e hipnotizador de principios de siglo, cuyos impresionantes y polémicos espectáculos de hipnosis y catalepsia se hicieron famosos en toda Europa y América, de quien el Profesor Alba aprendió. Lo conoció en Sevilla durante una de las giras de Onofroff por España. Quedó tan impresionado que, con sólo catorce años, Manuel se enroló en su espectáculo como repartidor de propaganda y recadero. Acompañó al célebre mentalista durante los cinco años que estuvo en España y de él aprendió las bases de sus funciones.

El Profesor Alba hacía sesiones de hipnotismo, espiritismo, pruebas de rigidez y resistencia corporal. En realidad, la mayor parte de ellos eran clásicos juegos de magia, como la aguja clavada en el cuerpo o la rotura de piedras que se hallaban encima del cuerpo del mago, tumbado éste sobre dos sillas. Pero los que más impresionaron a su público fueron los efectos de trasmisión de pensamiento, entre ellos “La voz de la Tumba”, en el que Tivolina, en su papel de médium, era encerrada con un micrófono en una cabina e iba adivinando los objetos que el Profesor Alba recibía mientras se paseaba entre los asistentes.

También realizaron deslumbrantes ejercicios de hipnosis colectiva, regresiones y alteraciones de la voluntad del público. La audiencia llegaba a experimentar acontecimientos singulares bajo las órdenes del Profesor Alba.Dieron sus primeras funciones en cine, al final de las películas, ella con efectos de magia clásica y él con los de mentalismo. Algunas veces debían actuar en dos tiempos, uno antes y otro después de la película; si así ocurría, en la primera parte lo hacía Tivolina (entonces Lolita, su nombre real hasta que optó por cambiar al seudónimo) y en la segunda parte el Profesor Alba con ella como ayudante, pero ataviada con una peluca para aparentar ser una persona diferente.

El éxito se disparó y, en compañía de sus cinco hijos, actuaron por toda España y el norte de África. Cuando llegaron a Valencia quedaron prendados de ella y jamás la abandonaron como lugar de residencia. El inicio de la Guerra Civil separó temporalmente a la familia que se hallaba de gira en Zaragoza con varios de sus hijos, pero una vez acabada la contienda pudieron reunirse de nuevo y proseguir una carrera que se hizo imparable.

El renombre de la pareja eclipsó incluso al de otros mentalistas de su tiempo que sí ejercieron como ilusionistas. El más destacado de ellos fue Fassman, paradigma del proceso de abandono que sufre la historia de la magia española, ya que a pesar de su profesionalidad, de la gran importancia que dio a ésta como espectáculo artístico, y el gran esmero que puso en su interpretación, no es mucho lo que se sabe de él.

En 1944, el Profesor Alba cayó enfermo y hubo de abandonar la escena. Falleció transcurrido algunos años y, como dos cartas de una baraja que se desmoronan juntas, Tivolina lo hizo poco después. Aún así, el Profesor Alba retomó los escenarios a la muerte de Manuel Alba. Su hijo Manolo, empleando el seudónimo de su padre y con el apoyo en escena de sus hermanas Lolita y Consuelo, y de su hermano Antonio en la gestión de los negocios, continuó el estilo de magia de su progenitor y triunfó en América. En este continente supo aprovecharse de la credulidad de importantes sectores de la población hacia los temas paranormales, y del deseo de muchos de despojarse incluso de su patrimonio por saber de familiares ya fallecidos o albergar esperanzas hacia lo que el futuro les deparase.

El Profesor Alba hijo murió hace pocos años, en 1997, con setenta y un años, una enorme fortuna y famoso por su capacidad para encontrar objetos en lugares ocultos de la sala, adivinar listados telefónicos y conducir automóviles a ciegas. Fueron magníficos efectos de magia que la saga de los Alba convirtió en espectaculares “pruebas” de su ciencia.

Fuente: http://josemariapalma.blogspot.com.es/

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