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Don Vicente Quirós, 101 años de circo (ES)

20-01-2018


 

En medio de la lona que cubre la arena, bajo el foco blanco y el silencio previo a la función, aparece el yayo en silla de ruedas protegido del frío por una gabardina, una manta y un sombrero. Tras él, la imponente trompa de Dumbo, un elefante de tres metros y tres toneladas, le acaricia la nuca. «Esta es mi vida. Nací en el circo y moriré en el circo». Palabra del último gran domador. Vicente Quirós (Almendros, 27 de octubre de 1916) tiene 101 años, nueve hijos, 20 nietos, 12 bisnietos y una tataranieta. Cuando alza la voz, si uno cierra los ojos, parece que habla el mismísimo Tony Leblanc en su vejez. Comparten el mismo tono y admiración en escenarios diferentes.
Leblanc nació en Madrid. Y Quirós tiene un corazón circense madrileño aunque nació en un pequeño pueblo de Cuenca llamado Almendros. «Desde antes de nacer, en el vientre de mi madre, ya iba en carro y mula por las ferias de los pueblos», dice Vicente, patriarca de cuatro generaciones de domadores, trapecistas, malabaristas, acróbatas, gimnastas y payasos. Toda la familia Quirós vive del circo. Por eso los encontramos en la carpa que tienen instalada en el distrito madrileño de Carabanchel en la semana en que el circo cumple 250 años. Mucho ha cambiado este espectáculo desde que en 1768 el jinete Philip Astley dibujara un círculo a orillas del Támesis y empezara a hacer acrobacias.
Vicente con Manolo y Luis, domadores que ahora trabajan en el circo.
Hoy, los domadores como Vicente son una especie en extinción. La prohibición de los shows con animales en más de 350 municipios de toda España y en comunidades autónomas como Cataluña y Galicia ha provocado un continuo enfrentamiento entre los animalistas y los trabajadores circenses. Los primeros luchan para acabar con lo que consideran maltrato animal. Los segundos mantienen la premisa de que ese maltrato no existe y de que su espectáculo no sería igual si continúan prohibiéndolos.«Yo siempre he tratado a los animales como a mis hijos», defiende Vicente. Por su látigo han pasado más de 20 leones, caballos, camellos, elefantes y burros. El más feroz que recuerda es su león Quirós. «Conseguí domarle y que no me atacara. Nos fusionamos como si fuéramos uno y llegamos a hacer funciones de saltos y acrobacias impresionantes. Hasta que un día mordió a mi hijo Manolito...». Su animal preferido ha sido siempre su caballo, de nombre Brillante. «Después de la Guerra Civil, en una feria en Castilla y León, compré un caballo árabe por 1.000 pesetas. Era muy bonito y cariñoso». Su doma más complicada fue con el burro Reverte. «Era un burro muy burro. Pero al final, conseguí que galopara, que saltara las barras y que se tumbara con sólo escuchar mis indicaciones. Siempre he tenido el látigo en mano, pero nunca para hacer daño», remarca Vicente. Acrobacias y comediasFuera de la carpa, en la pequeña caravana donde Vicente duerme junto a su perra Susi, el anciano guarda en una caja centenares de fotos antiguas, de sus viajes y funciones por toda España y Francia. Recuerda que, tras la Guerra Civil, donde luchó en el bando republicano, empezó a recorrer los pueblos con un carro empujado por un burro haciendo la licha, espectáculos con acrobacias y comedias en la plazas de las aldeas a cambio de la voluntad del espectador. «Para mí no han existido hombres como yo. He hecho de todo. Desde domador de fieras hasta picar en barra en trapecio a ocho metros de altura sujetándome con una sola mano. He sido hasta payaso en funciones para niños. Empecé sin un duro, trabajando con mis padres y he logrado ser el mejor de España... Bueno, también está Ángel Cristo».-¿Le conoció? -La madre de Ángel Cristo fue mi novia.
En cambio, Vicente se casó con la tía Sole, una vedette famosa en los años 60 que trabajaba en el Teatro Chino de Antonio Encinas. Por sus manos han pasado el Circo Valencia y el Circo Australia. El Quirós, que estará hasta el 18 de febrero en Carabanchel, lo fundó hace 22 años. Ahora, en pista, trabajan dos hijos de Vicente (Manolo y Luis, ambos domadores), cuatro nietos (dos trapecistas y dos payasos) y tres bisnietos (dos acróbatas y un domador). «El resto de mis hijos ya se han retirado y tengo a dos nietos que están en el Circo del Sol», explica.Nacho Pedrera, el gerente del espectáculo, dice que estas navidades han pasado por la carpa más de 30.000 espectadores y que cuentan con tres leones marinos, 24 pingüinos y un elefante en las actuaciones. «Antes también teníamos leones, camellos y caballos, pero con esta nueva moda animalista, que nos acusan de maltrato animal, nos están poniendo muy difícil seguir representando el circo tradicional.Hay 2.500 familias que viven de este mundo, y «si siguen prohibiendo los espectáculos con animales, muchos circos desaparecerán», asegura Nacho, que recuerda que hace justo un año él mismo denunció a la Policía y ante la prensa que un grupo de 150 activistas se había presentado por la noche en el circo y que habían recibido amenazas y pintadas en los camiones. Inspección del Seprona«Los animales están en perfectas condiciones y muy cuidados. Pasamos todas las semanas una inspección del Seprona y del veterinario municipal, que certifica su bienestar. Son animales que han nacido en cautividad, en un circo, si los dejamos libres morirán», justifica Nacho.El año pasado, el Ayuntamiento de Madrid acordó en un pleno su compromiso para que la capital fuera una ciudad libre de circos con animales. Pero no se llegó a aprobar. «En 2017 se han prohibido por ley los circos con espectáculos con animales en Cataluña y en Galicia. Y hay cientos de municipios en el resto de España que han hecho lo mismo», explica Laura Duarte, portavoz de Pacma. «Ha sido muy importante la labor de las asociaciones animalistas, que han logrado concienciar a la población de que los animales en los circos están maltratados, viven encerrados en remolques y están sometidos a un adiestramiento muy duro».
En cambio, Vicente, el centenario domador, lo tiene bastante claro. «Los animales son lo mejor que hay en el circo. Gustan a todo el mundo», añade. El anciano, el último gran domador del mayor espectáculo del mundo, se retiró de la arena con 94 años y un número de acrobacias con un poni y unos perros. Ahora, al acabar cada función del circo Quirós, los focos le siguen iluminando para que despida el espectáculo con una sola frase: «¡Que vivan los artistas!».
120 años de espectáculo
Han pasado más de 120 años desde que el primer Quirós pisara por primera vez un circo. Fue a finales del siglo XIX en un pueblo de Extremadura. El espectáculo era bastante simple si lo comparamos con los de hoy en día. Vicente (padre), un burro y unos juegos con el animal. Su hijo, Vicente Quirós, aprendió de su padre las artes circenses, sobre todo la técnica de la doma. Viajó por España con un carro empujado por un burro. Después, a medida que su fama se fue incrementando, llegaron las grandes carpas con elefantes, leones y las caravanas.
Sus habilidades como domador y su pasión por el mundo del circo se las trasladó a sus nueve vástagos. Y así durante cuatro generaciones. Ahora sus hijos Luis y Manuel son los jefes del Circo Quirós, que estará hasta el 18 de febrero en Carabanchel (Madrid). En los espectáculos que duran dos horas (de ese tiempo, 20 minutos lo ocupan ejercicios con el elefante, los pingüinos y los leones marinos) también participan los nietos de Vicente, como Luis (domador), Iris y David (trapecistas), y bisnietos como Alejandro (acróbata) y Miguel (payaso). Los funambulistas conocidos como Trouple Quirós, que trabajan en el Circo del Sol, son famosos en todo el mundo.
En la visita de Crónica al circo, nos recibe el domador Manolo, uno de los hijos de Vicente, que se fotografía con un león marino que hace acrobacias con una pelota. También está su nieto Luis, domador, que posa con su hijo Luisito (de tres años, que quiere ser como su padre) junto a un pingüino. «Esta es y será siempre nuestra vida», aseguran todos.

En medio de la lona que cubre la arena, bajo el foco blanco y el silencio previo a la función, aparece el yayo en silla de ruedas protegido del frío por una gabardina, una manta y un sombrero. Tras él, la imponente trompa de Dumbo, un elefante de tres metros y tres toneladas, le acaricia la nuca. «Esta es mi vida. Nací en el circo y moriré en el circo». Palabra del último gran domador. Vicente Quirós (Almendros, 27 de octubre de 1916) tiene 101 años, nueve hijos, 20 nietos, 12 bisnietos y una tataranieta. Cuando alza la voz, si uno cierra los ojos, parece que habla el mismísimo Tony Leblanc en su vejez. Comparten el mismo tono y admiración en escenarios diferentes.

Leblanc nació en Madrid. Y Quirós tiene un corazón circense madrileño aunque nació en un pequeño pueblo de Cuenca llamado Almendros. «Desde antes de nacer, en el vientre de mi madre, ya iba en carro y mula por las ferias de los pueblos», dice Vicente, patriarca de cuatro generaciones de domadores, trapecistas, malabaristas, acróbatas, gimnastas y payasos. Toda la familia Quirós vive del circo. Por eso los encontramos en la carpa que tienen instalada en el distrito madrileño de Carabanchel en la semana en que el circo cumple 250 años. Mucho ha cambiado este espectáculo desde que en 1768 el jinete Philip Astley dibujara un círculo a orillas del Támesis y empezara a hacer acrobacias.

Vicente con Manolo y Luis, domadores que ahora trabajan en el circo.Hoy, los domadores como Vicente son una especie en extinción. La prohibición de los shows con animales en más de 350 municipios de toda España y en comunidades autónomas como Cataluña y Galicia ha provocado un continuo enfrentamiento entre los animalistas y los trabajadores circenses. Los primeros luchan para acabar con lo que consideran maltrato animal. Los segundos mantienen la premisa de que ese maltrato no existe y de que su espectáculo no sería igual si continúan prohibiéndolos.«Yo siempre he tratado a los animales como a mis hijos», defiende Vicente. Por su látigo han pasado más de 20 leones, caballos, camellos, elefantes y burros. El más feroz que recuerda es su león Quirós. «Conseguí domarle y que no me atacara. Nos fusionamos como si fuéramos uno y llegamos a hacer funciones de saltos y acrobacias impresionantes. Hasta que un día mordió a mi hijo Manolito...». Su animal preferido ha sido siempre su caballo, de nombre Brillante. «Después de la Guerra Civil, en una feria en Castilla y León, compré un caballo árabe por 1.000 pesetas. Era muy bonito y cariñoso». Su doma más complicada fue con el burro Reverte. «Era un burro muy burro. Pero al final, conseguí que galopara, que saltara las barras y que se tumbara con sólo escuchar mis indicaciones. Siempre he tenido el látigo en mano, pero nunca para hacer daño», remarca Vicente. Acrobacias y comediasFuera de la carpa, en la pequeña caravana donde Vicente duerme junto a su perra Susi, el anciano guarda en una caja centenares de fotos antiguas, de sus viajes y funciones por toda España y Francia. Recuerda que, tras la Guerra Civil, donde luchó en el bando republicano, empezó a recorrer los pueblos con un carro empujado por un burro haciendo la licha, espectáculos con acrobacias y comedias en la plazas de las aldeas a cambio de la voluntad del espectador. «Para mí no han existido hombres como yo. He hecho de todo. Desde domador de fieras hasta picar en barra en trapecio a ocho metros de altura sujetándome con una sola mano. He sido hasta payaso en funciones para niños. Empecé sin un duro, trabajando con mis padres y he logrado ser el mejor de España... Bueno, también está Ángel Cristo».-¿Le conoció? -La madre de Ángel Cristo fue mi novia.

En cambio, Vicente se casó con la tía Sole, una vedette famosa en los años 60 que trabajaba en el Teatro Chino de Antonio Encinas. Por sus manos han pasado el Circo Valencia y el Circo Australia. El Quirós, que estará hasta el 18 de febrero en Carabanchel, lo fundó hace 22 años. Ahora, en pista, trabajan dos hijos de Vicente (Manolo y Luis, ambos domadores), cuatro nietos (dos trapecistas y dos payasos) y tres bisnietos (dos acróbatas y un domador). «El resto de mis hijos ya se han retirado y tengo a dos nietos que están en el Circo del Sol», explica.Nacho Pedrera, el gerente del espectáculo, dice que estas navidades han pasado por la carpa más de 30.000 espectadores y que cuentan con tres leones marinos, 24 pingüinos y un elefante en las actuaciones. «Antes también teníamos leones, camellos y caballos, pero con esta nueva moda animalista, que nos acusan de maltrato animal, nos están poniendo muy difícil seguir representando el circo tradicional.Hay 2.500 familias que viven de este mundo, y «si siguen prohibiendo los espectáculos con animales, muchos circos desaparecerán», asegura Nacho, que recuerda que hace justo un año él mismo denunció a la Policía y ante la prensa que un grupo de 150 activistas se había presentado por la noche en el circo y que habían recibido amenazas y pintadas en los camiones. Inspección del Seprona«Los animales están en perfectas condiciones y muy cuidados. Pasamos todas las semanas una inspección del Seprona y del veterinario municipal, que certifica su bienestar. Son animales que han nacido en cautividad, en un circo, si los dejamos libres morirán», justifica Nacho.El año pasado, el Ayuntamiento de Madrid acordó en un pleno su compromiso para que la capital fuera una ciudad libre de circos con animales. Pero no se llegó a aprobar. «En 2017 se han prohibido por ley los circos con espectáculos con animales en Cataluña y en Galicia. Y hay cientos de municipios en el resto de España que han hecho lo mismo», explica Laura Duarte, portavoz de Pacma. «Ha sido muy importante la labor de las asociaciones animalistas, que han logrado concienciar a la población de que los animales en los circos están maltratados, viven encerrados en remolques y están sometidos a un adiestramiento muy duro».

En cambio, Vicente, el centenario domador, lo tiene bastante claro. «Los animales son lo mejor que hay en el circo. Gustan a todo el mundo», añade. El anciano, el último gran domador del mayor espectáculo del mundo, se retiró de la arena con 94 años y un número de acrobacias con un poni y unos perros. Ahora, al acabar cada función del circo Quirós, los focos le siguen iluminando para que despida el espectáculo con una sola frase: «¡Que vivan los artistas!».120 años de espectáculoHan pasado más de 120 años desde que el primer Quirós pisara por primera vez un circo. Fue a finales del siglo XIX en un pueblo de Extremadura. El espectáculo era bastante simple si lo comparamos con los de hoy en día. Vicente (padre), un burro y unos juegos con el animal. Su hijo, Vicente Quirós, aprendió de su padre las artes circenses, sobre todo la técnica de la doma. Viajó por España con un carro empujado por un burro. Después, a medida que su fama se fue incrementando, llegaron las grandes carpas con elefantes, leones y las caravanas.

Sus habilidades como domador y su pasión por el mundo del circo se las trasladó a sus nueve vástagos. Y así durante cuatro generaciones. Ahora sus hijos Luis y Manuel son los jefes del Circo Quirós, que estará hasta el 18 de febrero en Carabanchel (Madrid). En los espectáculos que duran dos horas (de ese tiempo, 20 minutos lo ocupan ejercicios con el elefante, los pingüinos y los leones marinos) también participan los nietos de Vicente, como Luis (domador), Iris y David (trapecistas), y bisnietos como Alejandro (acróbata) y Miguel (payaso). Los funambulistas conocidos como Trouple Quirós, que trabajan en el Circo del Sol, son famosos en todo el mundo.
En la visita de Crónica al circo, nos recibe el domador Manolo, uno de los hijos de Vicente, que se fotografía con un león marino que hace acrobacias con una pelota. También está su nieto Luis, domador, que posa con su hijo Luisito (de tres años, que quiere ser como su padre) junto a un pingüino. «Esta es y será siempre nuestra vida», aseguran todos.

 

Fuente: El Mundo