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Soleil como herramienta de lucha contra la exclusión social (ES)

12-08-2018


 

El circo es pasión. Si existe una disciplina artística que aúne creatividad y técnica física, esa es el circo. Una emocionante combinación que engancha y que a nivel socioeducativo puede convertirse en una herramienta perfecta para trabajar con chicos y chicas que por su situación personal o económica están en riesgo de exclusión. Una ayuda para conseguir una segunda oportunidad. Y es que el circo tiene esa magia inclusiva.
Así lo viene comprobando durante más de 20 años el Circo del Sol mediante su programa Cirque du Monde, con el que dan la vuelta al mundo del mismo modo que lo hacen con sus espectáculos. Una iniciativa social que de igual forma lleva a cabo la asociación cultural Donyet Ardit, junto con la compañía La Trócola, quienes desde 2011 desarrollan de forma permanente un proyecto muy similar a nivel local en la ciudad de Alicante.
Umihiko Miya, Umi para los amigos, trabaja con la barra en el espectáculo Totem que durante el mes de agosto está representando el Circo del Sol en Alicante, después de pasar por Madrid, Sevilla, Barcelona y Málaga. Él es la imagen publicitaria del show, caracterizado como una rana y siendo el protagonista del inicio de la función. Pero además es uno de los voluntarios que lleva a cabo el proyecto social con el que el Circo del Sol está ayudando a decenas de chavales de las ciudades por las que pasa a lo largo de su larga ruta internacional.
Porque compartir una jornada en el circo, siendo uno más del equipo, les hace vivir una experiencia inolvidable que de una forma positiva quedará marcada en su recuerdo. Algo que en muchas ocasiones hace saltar la chispa y que se convierta en un punto de inflexión en sus vidas. Por eso no sólo comparten sus instalaciones sino que, cuando el tiempo se lo permite, también se desplazan hasta colegios y hospitales en los que poder transmitir un mensaje positivo y optimista.
“Esta es una iniciativa que surge con el objetivo de devolver a las ciudades todo el afecto y apoyo que ellas nos dan”, afirma Umi. Y es que, según cuenta, “la compañía nació como un pequeño y humilde grupo de artistas a los que les unía la pasión por el circo, así que con este proyecto también queremos transmitir y contagiar esa pasión que seguimos manteniendo”. Por eso es habitual que su gran carpa y el resto de estancias estén ocupadas por estos chavales que, en grupos, aprenden además todo lo que hace que el circo cobre vida. Desde la atención al público, hasta las acrobacias, la música y demás tareas.
Un proyecto muy similar al que se desarrolla en Alicante mediante las asociaciones mencionadas. “Trabajar las disciplinas circenses les motiva porque actúan ante el público y consigue que la comunidad les vea de una forma distinta y les reconozca”, comenta Nuria Calatayud, de la asociación Donyet Ardit. Porque “ver cómo, algo que parece imposible, con entrenamiento y con esfuerzo se lleva a cabo, hace que a nivel personal haya una satisfacción muy grande”, añade. Lo que ayuda enormemente a esos adolescentes y jóvenes, siendo un acicate para fortalecer su motivación vital y su autoestima.
“Entre ellos quedan después para practicar circo, salen del barrio cuando antes no lo hacían y encuentran interés en otro tipo de actividades de ocio que no existen ahora en su ambiente habitual” asegura Fede Menini, quien a través de la compañía La Trócola promueve estos cursos y talleres. Él es malabarista y con el resto de miembros de la compañía enseñan malabares, acrobacias, técnicas aéreas y equilibrios, entre otras disciplinas. Realizan juegos y dinámicas de grupo. Durante todo el año entrenan en la nave El Disparate, en San Vicente, para después hacer un espectáculo abierto al público. Un show que organizan ellos mismos.
Tanto Fede como Nuria asumen que trabajar en una compañía no tan grande tiene sus inconvenientes como la acumulación de tareas administrativas y de organización. Sin embargo, de alguna forma Umi añora esa libertad que ofrece una pequeña compañía en la que poder equivocarse de vez en cuando, improvisar en directo o cambiar la temática del show cuando lo crean oportuno. Lo que sí destilan los tres al mismo tiempo es su pasión por el circo. Una pasión adictiva y contagiosa que promueve la proliferación de cada vez más entidades locales basadas en este arte, las cuales mantienen viva la esencia de lo que es y ha sido el circo a lo largo de los años. A través de una compañía más grande o más pequeña, con más o menos infraestructura, con mayor o menor equipo humano, con más o menos presupuesto, pero, haciendo circo al fin y al cabo.
Así que con la buena respuesta que han obtenido del público alicantino, el Circo del Sol y su espectáculo Totem ponen punto y final a su gira por España. Durante semana y media seguirán en la ciudad. El último show será el 19 de agosto en su gran carpa instalada en el recinto ferial de Rabasa, en la calle Xàbia. Después pondrán rumbo a Zúrich, prometiendo que volverán.

El circo es pasión. Si existe una disciplina artística que aúne creatividad y técnica física, esa es el circo. Una emocionante combinación que engancha y que a nivel socioeducativo puede convertirse en una herramienta perfecta para trabajar con chicos y chicas que por su situación personal o económica están en riesgo de exclusión. Una ayuda para conseguir una segunda oportunidad. Y es que el circo tiene esa magia inclusiva.

Así lo viene comprobando durante más de 20 años el Circo del Sol mediante su programa Cirque du Monde, con el que dan la vuelta al mundo del mismo modo que lo hacen con sus espectáculos. Una iniciativa social que de igual forma lleva a cabo la asociación cultural Donyet Ardit, junto con la compañía La Trócola, quienes desde 2011 desarrollan de forma permanente un proyecto muy similar a nivel local en la ciudad de Alicante.

Umihiko Miya, Umi para los amigos, trabaja con la barra en el espectáculo Totem que durante el mes de agosto está representando el Circo del Sol en Alicante, después de pasar por Madrid, Sevilla, Barcelona y Málaga. Él es la imagen publicitaria del show, caracterizado como una rana y siendo el protagonista del inicio de la función. Pero además es uno de los voluntarios que lleva a cabo el proyecto social con el que el Circo del Sol está ayudando a decenas de chavales de las ciudades por las que pasa a lo largo de su larga ruta internacional.

Porque compartir una jornada en el circo, siendo uno más del equipo, les hace vivir una experiencia inolvidable que de una forma positiva quedará marcada en su recuerdo. Algo que en muchas ocasiones hace saltar la chispa y que se convierta en un punto de inflexión en sus vidas. Por eso no sólo comparten sus instalaciones sino que, cuando el tiempo se lo permite, también se desplazan hasta colegios y hospitales en los que poder transmitir un mensaje positivo y optimista.

“Esta es una iniciativa que surge con el objetivo de devolver a las ciudades todo el afecto y apoyo que ellas nos dan”, afirma Umi. Y es que, según cuenta, “la compañía nació como un pequeño y humilde grupo de artistas a los que les unía la pasión por el circo, así que con este proyecto también queremos transmitir y contagiar esa pasión que seguimos manteniendo”. Por eso es habitual que su gran carpa y el resto de estancias estén ocupadas por estos chavales que, en grupos, aprenden además todo lo que hace que el circo cobre vida. Desde la atención al público, hasta las acrobacias, la música y demás tareas.

Un proyecto muy similar al que se desarrolla en Alicante mediante las asociaciones mencionadas. “Trabajar las disciplinas circenses les motiva porque actúan ante el público y consigue que la comunidad les vea de una forma distinta y les reconozca”, comenta Nuria Calatayud, de la asociación Donyet Ardit. Porque “ver cómo, algo que parece imposible, con entrenamiento y con esfuerzo se lleva a cabo, hace que a nivel personal haya una satisfacción muy grande”, añade. Lo que ayuda enormemente a esos adolescentes y jóvenes, siendo un acicate para fortalecer su motivación vital y su autoestima.

“Entre ellos quedan después para practicar circo, salen del barrio cuando antes no lo hacían y encuentran interés en otro tipo de actividades de ocio que no existen ahora en su ambiente habitual” asegura Fede Menini, quien a través de la compañía La Trócola promueve estos cursos y talleres. Él es malabarista y con el resto de miembros de la compañía enseñan malabares, acrobacias, técnicas aéreas y equilibrios, entre otras disciplinas. Realizan juegos y dinámicas de grupo. Durante todo el año entrenan en la nave El Disparate, en San Vicente, para después hacer un espectáculo abierto al público. Un show que organizan ellos mismos.

Tanto Fede como Nuria asumen que trabajar en una compañía no tan grande tiene sus inconvenientes como la acumulación de tareas administrativas y de organización. Sin embargo, de alguna forma Umi añora esa libertad que ofrece una pequeña compañía en la que poder equivocarse de vez en cuando, improvisar en directo o cambiar la temática del show cuando lo crean oportuno. Lo que sí destilan los tres al mismo tiempo es su pasión por el circo. Una pasión adictiva y contagiosa que promueve la proliferación de cada vez más entidades locales basadas en este arte, las cuales mantienen viva la esencia de lo que es y ha sido el circo a lo largo de los años. A través de una compañía más grande o más pequeña, con más o menos infraestructura, con mayor o menor equipo humano, con más o menos presupuesto, pero, haciendo circo al fin y al cabo.

Así que con la buena respuesta que han obtenido del público alicantino, el Circo del Sol y su espectáculo Totem ponen punto y final a su gira por España. Durante semana y media seguirán en la ciudad. El último show será el 19 de agosto en su gran carpa instalada en el recinto ferial de Rabasa, en la calle Xàbia. Después pondrán rumbo a Zúrich, prometiendo que volverán.