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'El Circo' de Chaplin con música en vivo (ES)

11-05-2018


 

El pasado año, Mariano Rivas volvió su vista a Chaplin para dar nueva vida a uno de los grandes clásicos del cómico, cineasta y también compositor británico -Luces de ciudad- en el teatro de la suya: el Jovellanos. El director gijonés llevó la batuta en una proyección de la cinta en la que se interpretó en directo la música compuesta por Chaplin para su propia película; y el próximo viernes, día 12, Rivas regresa a Chaplin y al Jovellanos, pero esta vez para hacer lo propio con El circo (1928), la última película muda de su carrera.
-¿Por qué la 'reicindencia'?-Porque los del año pasdo fue espectacular. Fue una idea y un tratamiento que se me ocurrió hablando con la sección cultural del Jovellanos para unir música y cine: lo mejor del cine y de la música. No quería el típico concierto con bandas sonoras, sino poner música de verdad a las películas de Chaplin, la música que él había compuesto antes de la llegada del cine sonoro. Nuestra intención ha sido la de llegar de nuevo a la vez a melómanos y a cinéfilos con una película que es para gente mayor, para niños, para gente joven… y de nuevo con el gran Chaplin, una de las personas con mayor talento del siglo pasado. -Entre ellos, el de compositor, algo que a veces olvidamos...-Claro. Su gran sensibilidad también se manifestó así. En este caso, la partitura tiene un tono distinto al del año pasado. Luces de ciudad tenía mucha melancolía, con canciones La Violetera, pero aquí vamos a tener música de vodevil compuesta por él a partir de una partitura restaurada por Timothy Brock.-¿Por qué El Circo esta vez?-Porque es una de las mejores películas mudas de todos los tiempos. Tiene una historia curiosa porque estuvo un tiempo un tanto olvidada. En los años 60, él mismo la retomó otra vez porque, siendo una de las películas grandes del cine clásico de Chaplin, estaba vinculada a un periodo un poco tocado por sus problemas personales. Durante el rodaje, Chaplin tuvo un lío nada menos que con una recomendada segunda mujer, la actriz Merna Kennedy, una chica pelirroja de 18 años muy guapa, bailarina, trapecista, a la que no conocía nadie hasta entonces. Ahí empezaron los líos: su mujer se enteró, empezaron los divorcios, los problemas en el rodaje, todo tipo de calamidades, un incendio en los estudios… A eso hay que añador el perfeccionismo de Chaplin, que hizo que hubiese que realizar hasta 700 tomas de algunos malabarismos.
-Es una película con más ritmo y más situaciones que Luces de ciudad. ¿Más complicada también técnicamente, entonces?-Sí: ahí estamos, segundo a segundo durante 71 minutos en los que tengo que ir llevando conmigo a los músicos con la batuta. La única referencia que tienen es a mí, tienen que venir conmigo al segundo. Es algo muy difícil, pero también muy gratificante porque se dan cuenta también de que cada sonido y cada compás contiene una lectura, un mensaje sobre la película en la que se van produciendo distintas situaciones constantemente.-¿Cómo es la partitura de Chaplin?-Es muy de vodevil, pero al mismo tiempo, como la película, tiene algo autobiográfico. Cuando él era un chiquillo acompañando acompañaba a su madre, cantante, y cuando ella no podía cantar, él la suplía. La película habla de su vida también. Y la música consigue conferir a las imágenes otra dimensión. Por ejemplo, en una escena en la que Chaplin camina haciendo funambulismo con una pértiga, en lugar de meter música graciosa sin más, metía un vals, y eso le da otra dimensión a las imágenes. La música es preciosa, siempre ceñida a la imagen. Si la gente se rió con Luces de ciudad, más todavía reirá esta vez porque Chaplin consiguió meter el circo dentro del teatro.

El pasado año, Mariano Rivas volvió su vista a Chaplin para dar nueva vida a uno de los grandes clásicos del cómico, cineasta y también compositor británico -Luces de ciudad- en el teatro de la suya: el Jovellanos. El director gijonés llevó la batuta en una proyección de la cinta en la que se interpretó en directo la música compuesta por Chaplin para su propia película; y el próximo viernes, día 12, Rivas regresa a Chaplin y al Jovellanos, pero esta vez para hacer lo propio con El circo (1928), la última película muda de su carrera.

-¿Por qué la 'reicindencia'?-Porque los del año pasdo fue espectacular. Fue una idea y un tratamiento que se me ocurrió hablando con la sección cultural del Jovellanos para unir música y cine: lo mejor del cine y de la música. No quería el típico concierto con bandas sonoras, sino poner música de verdad a las películas de Chaplin, la música que él había compuesto antes de la llegada del cine sonoro. Nuestra intención ha sido la de llegar de nuevo a la vez a melómanos y a cinéfilos con una película que es para gente mayor, para niños, para gente joven… y de nuevo con el gran Chaplin, una de las personas con mayor talento del siglo pasado.

-Entre ellos, el de compositor, algo que a veces olvidamos...-Claro. Su gran sensibilidad también se manifestó así. En este caso, la partitura tiene un tono distinto al del año pasado. Luces de ciudad tenía mucha melancolía, con canciones La Violetera, pero aquí vamos a tener música de vodevil compuesta por él a partir de una partitura restaurada por Timothy Brock.

-¿Por qué El Circo esta vez?-Porque es una de las mejores películas mudas de todos los tiempos. Tiene una historia curiosa porque estuvo un tiempo un tanto olvidada. En los años 60, él mismo la retomó otra vez porque, siendo una de las películas grandes del cine clásico de Chaplin, estaba vinculada a un periodo un poco tocado por sus problemas personales. Durante el rodaje, Chaplin tuvo un lío nada menos que con una recomendada segunda mujer, la actriz Merna Kennedy, una chica pelirroja de 18 años muy guapa, bailarina, trapecista, a la que no conocía nadie hasta entonces. Ahí empezaron los líos: su mujer se enteró, empezaron los divorcios, los problemas en el rodaje, todo tipo de calamidades, un incendio en los estudios… A eso hay que añador el perfeccionismo de Chaplin, que hizo que hubiese que realizar hasta 700 tomas de algunos malabarismos.

-Es una película con más ritmo y más situaciones que Luces de ciudad. ¿Más complicada también técnicamente, entonces?-Sí: ahí estamos, segundo a segundo durante 71 minutos en los que tengo que ir llevando conmigo a los músicos con la batuta. La única referencia que tienen es a mí, tienen que venir conmigo al segundo. Es algo muy difícil, pero también muy gratificante porque se dan cuenta también de que cada sonido y cada compás contiene una lectura, un mensaje sobre la película en la que se van produciendo distintas situaciones constantemente.

-¿Cómo es la partitura de Chaplin?-Es muy de vodevil, pero al mismo tiempo, como la película, tiene algo autobiográfico. Cuando él era un chiquillo acompañando acompañaba a su madre, cantante, y cuando ella no podía cantar, él la suplía. La película habla de su vida también. Y la música consigue conferir a las imágenes otra dimensión. Por ejemplo, en una escena en la que Chaplin camina haciendo funambulismo con una pértiga, en lugar de meter música graciosa sin más, metía un vals, y eso le da otra dimensión a las imágenes. La música es preciosa, siempre ceñida a la imagen. Si la gente se rió con Luces de ciudad, más todavía reirá esta vez porque Chaplin consiguió meter el circo dentro del teatro.


 

Fuente: La Voz de Asturias