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La historia de la familia circense Domínguez (MX)

09-07-2018


 

Buscando las raíces del circo chileno es turno para conocer parte de la prestigiosa familia Domínguez, a la cual pertenece una dama: Aracelly de las Mercedes Domínguez Yáñez, a quien entrevistamos en México, lugar donde reside junto a su familia.
El creador de este legado circense en nuestro país, fue don Enrique Domínguez, el payaso Pajarito y la señora María Mercedes.
Ambos partieron trabajando muy jóvenes y a través de sus hijos Chela, Gastón, Jorge, Kiria, Sandra y Aracelly, dejan un gran legado al circo chileno.
Don Enrique padre, abuelo de Aracelly, nació en 1910 en San Carlos. Es el año 1939, cuando ocurre un gran terremoto que dejó a la gran mayoría del sur de Chile en el suelo. Entonces, es que decide irse en el circo, lo cual había sido su pasión desde sus cortos siete años de vida. Se va detrás de los publicistas pegando afiches. Sus padres le tenían asignado un futuro que nada tuvo que ver con lo que fue toda su vida, ya que ellos querían que fuera sacerdote y para esto lo tuvieron internado en un seminario de Concepción, pero su pasión por el circo fue mucho más fuerte.
A la edad de 20 años aproximadamente, en una de sus giras de paso por la ciudad de Bulnes, al sur de Chillán, es cuando conoce a María Mercedes, (Mechita para todo el gremio circense) la que sería su esposa y madre de sus hijos a través de toda su vida.
Ambos, durante años, hicieron cantos cómicos, que por ese tiempo era muy común en el circo chileno, y formaron la dupla Titina y Pajarito.
Su hijo Jorge el tony Copucha, junto a su yerno Carlos Gajardo y Eduardo González, formaron el célebre trío de payasos Copucha, Cuchara y Chirola.
El primer circo de la familia es inaugurado el año 1941 y lo llamaron circo Chile. El traslado se hacía en carretas de bueyes. En el año 1952 le cambian el nombre por Splendid.
Su nieta Aracelly de las Mercedes Domínguez Yáñez, nuestra entrevistada, nace en Santiago de Chile y es hija de Horalia María Yáñez Guerrero y de Gastón Enrique Domínguez Aguilera.
Su madre era originaria de la isla de Huar, que fuera establecida en Julio de 1713 con el nombre de villa de San Felipe de Huar y derivaría su nombre del primer indígena chono que vivió en ella, llamado Huercán o Hueraman.
Así, nos cuenta su historia:
“Mi padre pertenecía al pequeño circo familiar cuyo nombre era Splendid y desde muy niño trabajó con sus hermanos en la pista. Cuando joven, realizan una función en una localidad de la provincia de Valdivia y se conoce con mi madre cuando concurre donde los vecinos a solicitar agua y luz para instalar la carpa y él invita a Horalia a asistir a la función. Desde ese momento, se enamoraron perdidamente”.
“Inútiles fueron los esfuerzos de los parientes tratando de convencer a mi progenitora que el muchacho no era buen partido y además, por trabajar en un circo, tenía sólo una vida errante para compartir”.
No escuchando esas voces, Horalia se integra a la familia circense y se va con ellos a recorrer tierras.
Del matrimonio nacemos ocho hijos: tres varones y cinco mujeres.
“Al estar con el circo viajando, los niños debimos integrarnos a las distintas labores que exigía la empresa. Así mis tías, hermanas de mi padre, trapecistas y malabaristas, realizaban hermosas presentaciones y fueron las encargadas de enseñarnos esa profesión”.
“Comenzamos jugando al circo y cada cual hacía sus actos. Algunos anunciaban los números, otros eran payasos. Yo, desde chica tuve facilidad para ser contorsionista. Me contaban que ‘me doblaba como chicle’ y mi primera presentación habría sido a los tres años. Pero mis recuerdos me llevan a los cinco años cuando salí a la pista con mis hermanas, con la gran alegría de mi abuelo Enrique que presumía de su nieta artista que realizaba su acto en solitario”.
“Cuando mi padre, mis tíos e incluso mis abuelos vieron en nosotros algunas condiciones, nos hicieron ensayar más en forma y dedicarnos al espectáculo circense”.
Su viaje a Magallanes
Por esas cosas del destino, llega Aracelly integrando el circo a Magallanes, a raíz de la fama que tiene la región, del gusto por los espectáculos de esta naturaleza.
Viene acompañada de sus padres y sus tíos, los famosos payasos de la televisión Copucha, Cuchara y Chirola. Fue su primer viaje en avión.
“Fue muy hermoso llegar a ese lugar todo vestido de blanco por las nevadas; la experiencia de estar a muchos grados bajo cero en algún lugar de esa región, fue fantástico, y más aún ¡viendo a la gente comiendo helados!”
“Estuvimos un mes realizando presentaciones, incluso en la ciudad de Puerto Natales y en Cerro Sombrero para lo cual cruzamos el estrecho de Magallanes. Algunos artistas nos fuimos en un avión pequeño. Uno de los tíos se aterrorizó de tal manera con los movimientos de la aeronave, con motivo del fuerte viento, que al regreso lo hizo por la barcaza. ¡Gran error!, porque el mar estaba embravecido y tuvo que soportar los vaivenes de la nave y el mareo por más tiempo que el que demoraba el cruce en avión”.
“Sin lugar a dudas que la experiencia de este viaje a la zona austral fue maravillosa”.
Rumbo a México
“Una de mis hermanas, María Angélica, conoce en Chile a un artista del circo checoeslovaco, con el cual se enamoran y se van a trabajar al Perú. En ese país los ve un empresario mexicano y los contrata para actuar en la tierra del país del norte. Luego de seis meses de permanencia allí, me tienta para que vaya a presentar mi número de contorsionista en ese lugar del mundo”.
“Yo contaba con 21 años y mi sueño era viajar, especialmente incentivada por las conversaciones que tenía con colegas de otros países. Era el año 1982 y decidí irme al país azteca, primero por seis meses para probar, pero mis intenciones eran que también viajara el resto de la familia y montar un número de trapecio, porque mi padre tenía esa especialidad, pero él no quiso porque ‘el número es valorado, pero si tienes un accidente la gente se asusta y ya, y el dueño del circo no le interesa mayormente’. El circo es un riesgo siempre tanto en la función como en el tránsito por las carreteras. Nosotros tenemos alguien que nos cuida y protege”.
“Los seis meses pasaron y seguí presentando mi número hasta que lo pude hacer por muchos años”.
“Uno puede vivir del circo, pero no hacerse millonario. Vivimos bien, conociendo siempre. No paramos nunca de conocer ya que semanalmente cambiamos de lugar”.
“En el año 1987 contraigo matrimonio con Enrique Vázquez, del famoso circo mexicano de los Hermanos Vázquez, cambiándome entonces a esa célebre carpa”.
“Tuvimos tres hijos, dos varones y una niña. Les dimos todas las posibilidades económicas para que obtuvieran una profesión ajena a la carpa, pero pudo más el llamado de su sangre y también se dedicaron a la arena, mi hijo como malabarista y mi nena antipodista (acróbata que ejecuta sus malabarismos con los pies apoyado sobre su espalda) y mi retoño más pequeño hace un acto de pulsadas. Ellos, son mexicanos de nacimiento, pero chilenos de corazón y cuando juega la Roja, se fanatizan con sus triunfos”.
“Tienen costumbres chilenas, especialmente en las comidas: desayunan, almuerzan, toman once y cenan, lo que no se acostumbra de esa manera en México. Son fanáticos del pan con palta y el mote con huesillos”.
“No tenemos una localidad de radicación en México. Viajamos y viajamos todo el año buscando climas templados para nuestras presentaciones. Eso es diferente a Chile, porque a fines del mes de abril ya llega el invierno y se terminan las funciones hasta que llega el verano y de nuevo, en el mes de septiembre, comienzan a funcionar los circos que han sido guardados durante la época de lluvias”.
“Me encantaría viajar con mi esposo y mi familia a Chile, expresamente al archipiélago de Chiloé, con el fin de encontrar allí mis raíces chilotas, en forma especial en la isla de Huar, de donde proviene mi madre adorada”.
“Yo tengo ahora al resto de mi familia en Santiago de Chile. Todos circenses y que se encuentran siempre en gira y cuando viajo a mi país me quedo un mes en la capital para así verlos a todos”.
“Yo me quedaré en el circo hasta que pueda. Esos son mis planes. No sé si algún día me tenga que retirar y radicarme en Chile. Todo eso lo debo planificar a futuro”.
“Le pido a la gente que lea mi entrevista, que nunca deje de concurrir a estos espectáculos porque la tradición del circo no se debe perder ya que es el espectáculo más antiguo del mundo y si se priva a los niños de ello, dejándolos que se entretengan sólo con sus juegos electrónicos, se perderán la fantasía de este mundo maravilloso”.

Buscando las raíces del circo chileno es turno para conocer parte de la prestigiosa familia Domínguez, a la cual pertenece una dama: Aracelly de las Mercedes Domínguez Yáñez, a quien entrevistamos en México, lugar donde reside junto a su familia.

El creador de este legado circense en nuestro país, fue don Enrique Domínguez, el payaso Pajarito y la señora María Mercedes.

Ambos partieron trabajando muy jóvenes y a través de sus hijos Chela, Gastón, Jorge, Kiria, Sandra y Aracelly, dejan un gran legado al circo chileno.

Don Enrique padre, abuelo de Aracelly, nació en 1910 en San Carlos. Es el año 1939, cuando ocurre un gran terremoto que dejó a la gran mayoría del sur de Chile en el suelo. Entonces, es que decide irse en el circo, lo cual había sido su pasión desde sus cortos siete años de vida. Se va detrás de los publicistas pegando afiches. Sus padres le tenían asignado un futuro que nada tuvo que ver con lo que fue toda su vida, ya que ellos querían que fuera sacerdote y para esto lo tuvieron internado en un seminario de Concepción, pero su pasión por el circo fue mucho más fuerte.

A la edad de 20 años aproximadamente, en una de sus giras de paso por la ciudad de Bulnes, al sur de Chillán, es cuando conoce a María Mercedes, (Mechita para todo el gremio circense) la que sería su esposa y madre de sus hijos a través de toda su vida.

Ambos, durante años, hicieron cantos cómicos, que por ese tiempo era muy común en el circo chileno, y formaron la dupla Titina y Pajarito.

Su hijo Jorge el tony Copucha, junto a su yerno Carlos Gajardo y Eduardo González, formaron el célebre trío de payasos Copucha, Cuchara y Chirola.

El primer circo de la familia es inaugurado el año 1941 y lo llamaron circo Chile. El traslado se hacía en carretas de bueyes. En el año 1952 le cambian el nombre por Splendid.

Su nieta Aracelly de las Mercedes Domínguez Yáñez, nuestra entrevistada, nace en Santiago de Chile y es hija de Horalia María Yáñez Guerrero y de Gastón Enrique Domínguez Aguilera.

Su madre era originaria de la isla de Huar, que fuera establecida en Julio de 1713 con el nombre de villa de San Felipe de Huar y derivaría su nombre del primer indígena chono que vivió en ella, llamado Huercán o Hueraman.
Así, nos cuenta su historia:

“Mi padre pertenecía al pequeño circo familiar cuyo nombre era Splendid y desde muy niño trabajó con sus hermanos en la pista. Cuando joven, realizan una función en una localidad de la provincia de Valdivia y se conoce con mi madre cuando concurre donde los vecinos a solicitar agua y luz para instalar la carpa y él invita a Horalia a asistir a la función. Desde ese momento, se enamoraron perdidamente”.

“Inútiles fueron los esfuerzos de los parientes tratando de convencer a mi progenitora que el muchacho no era buen partido y además, por trabajar en un circo, tenía sólo una vida errante para compartir”.

No escuchando esas voces, Horalia se integra a la familia circense y se va con ellos a recorrer tierras.
Del matrimonio nacemos ocho hijos: tres varones y cinco mujeres.

“Al estar con el circo viajando, los niños debimos integrarnos a las distintas labores que exigía la empresa. Así mis tías, hermanas de mi padre, trapecistas y malabaristas, realizaban hermosas presentaciones y fueron las encargadas de enseñarnos esa profesión”.

“Comenzamos jugando al circo y cada cual hacía sus actos. Algunos anunciaban los números, otros eran payasos. Yo, desde chica tuve facilidad para ser contorsionista. Me contaban que ‘me doblaba como chicle’ y mi primera presentación habría sido a los tres años. Pero mis recuerdos me llevan a los cinco años cuando salí a la pista con mis hermanas, con la gran alegría de mi abuelo Enrique que presumía de su nieta artista que realizaba su acto en solitario”.

“Cuando mi padre, mis tíos e incluso mis abuelos vieron en nosotros algunas condiciones, nos hicieron ensayar más en forma y dedicarnos al espectáculo circense”.

Su viaje a Magallanes
Por esas cosas del destino, llega Aracelly integrando el circo a Magallanes, a raíz de la fama que tiene la región, del gusto por los espectáculos de esta naturaleza.

Viene acompañada de sus padres y sus tíos, los famosos payasos de la televisión Copucha, Cuchara y Chirola. Fue su primer viaje en avión.

“Fue muy hermoso llegar a ese lugar todo vestido de blanco por las nevadas; la experiencia de estar a muchos grados bajo cero en algún lugar de esa región, fue fantástico, y más aún ¡viendo a la gente comiendo helados!”

“Estuvimos un mes realizando presentaciones, incluso en la ciudad de Puerto Natales y en Cerro Sombrero para lo cual cruzamos el estrecho de Magallanes. Algunos artistas nos fuimos en un avión pequeño. Uno de los tíos se aterrorizó de tal manera con los movimientos de la aeronave, con motivo del fuerte viento, que al regreso lo hizo por la barcaza. ¡Gran error!, porque el mar estaba embravecido y tuvo que soportar los vaivenes de la nave y el mareo por más tiempo que el que demoraba el cruce en avión”.

“Sin lugar a dudas que la experiencia de este viaje a la zona austral fue maravillosa”.

Rumbo a México
“Una de mis hermanas, María Angélica, conoce en Chile a un artista del circo checoeslovaco, con el cual se enamoran y se van a trabajar al Perú. En ese país los ve un empresario mexicano y los contrata para actuar en la tierra del país del norte. Luego de seis meses de permanencia allí, me tienta para que vaya a presentar mi número de contorsionista en ese lugar del mundo”.

“Yo contaba con 21 años y mi sueño era viajar, especialmente incentivada por las conversaciones que tenía con colegas de otros países. Era el año 1982 y decidí irme al país azteca, primero por seis meses para probar, pero mis intenciones eran que también viajara el resto de la familia y montar un número de trapecio, porque mi padre tenía esa especialidad, pero él no quiso porque ‘el número es valorado, pero si tienes un accidente la gente se asusta y ya, y el dueño del circo no le interesa mayormente’. El circo es un riesgo siempre tanto en la función como en el tránsito por las carreteras. Nosotros tenemos alguien que nos cuida y protege”.

“Los seis meses pasaron y seguí presentando mi número hasta que lo pude hacer por muchos años”.

“Uno puede vivir del circo, pero no hacerse millonario. Vivimos bien, conociendo siempre. No paramos nunca de conocer ya que semanalmente cambiamos de lugar”.

“En el año 1987 contraigo matrimonio con Enrique Vázquez, del famoso circo mexicano de los Hermanos Vázquez, cambiándome entonces a esa célebre carpa”.

“Tuvimos tres hijos, dos varones y una niña. Les dimos todas las posibilidades económicas para que obtuvieran una profesión ajena a la carpa, pero pudo más el llamado de su sangre y también se dedicaron a la arena, mi hijo como malabarista y mi nena antipodista (acróbata que ejecuta sus malabarismos con los pies apoyado sobre su espalda) y mi retoño más pequeño hace un acto de pulsadas. Ellos, son mexicanos de nacimiento, pero chilenos de corazón y cuando juega la Roja, se fanatizan con sus triunfos”.

“Tienen costumbres chilenas, especialmente en las comidas: desayunan, almuerzan, toman once y cenan, lo que no se acostumbra de esa manera en México. Son fanáticos del pan con palta y el mote con huesillos”.

“No tenemos una localidad de radicación en México. Viajamos y viajamos todo el año buscando climas templados para nuestras presentaciones. Eso es diferente a Chile, porque a fines del mes de abril ya llega el invierno y se terminan las funciones hasta que llega el verano y de nuevo, en el mes de septiembre, comienzan a funcionar los circos que han sido guardados durante la época de lluvias”.

“Me encantaría viajar con mi esposo y mi familia a Chile, expresamente al archipiélago de Chiloé, con el fin de encontrar allí mis raíces chilotas, en forma especial en la isla de Huar, de donde proviene mi madre adorada”.

“Yo tengo ahora al resto de mi familia en Santiago de Chile. Todos circenses y que se encuentran siempre en gira y cuando viajo a mi país me quedo un mes en la capital para así verlos a todos”.

“Yo me quedaré en el circo hasta que pueda. Esos son mis planes. No sé si algún día me tenga que retirar y radicarme en Chile. Todo eso lo debo planificar a futuro”.

“Le pido a la gente que lea mi entrevista, que nunca deje de concurrir a estos espectáculos porque la tradición del circo no se debe perder ya que es el espectáculo más antiguo del mundo y si se priva a los niños de ello, dejándolos que se entretengan sólo con sus juegos electrónicos, se perderán la fantasía de este mundo maravilloso”.

 

Fuente: La Prensa Austral